imagen tomada de computerhoy.20minutos.es
La forma en que se iluminan las ciudades por la noche está cambiando en Europa. En lugares como Gladsaxe, en el área metropolitana de Copenhague, ya existen carreteras y ciclovías iluminadas con farolas rojas.
El objetivo no es estético: se busca proteger a los murciélagos y reducir el impacto del alumbrado público sobre la fauna nocturna.
El proyecto, impulsado por el estudio AFRY Architects, utiliza farolas LED rojas en un tramo clave para la movilidad.
La decisión se basa en investigaciones que señalan que la luz blanca, especialmente la rica en tonos azules, altera los patrones de alimentación y vuelo de diversas especies nocturnas.
El experimento danés no es el primero. En Países Bajos, la localidad de Zuidhoek-Nieuwkoop instaló iluminación roja en 2018, convirtiéndose en pionera mundial.
Poco después, el Reino Unido inauguró un corredor iluminado en rojo junto a la reserva natural de Warndon Woodlands.
En ambos casos, la intención fue compatibilizar seguridad vial con conservación de los ecosistemas.
La luz roja, al tener una longitud de onda mayor, interfiere menos en los ciclos biológicos de los animales y también podría afectar menos al sueño humano, ya que influye menos en la producción de melatonina.
Sin embargo, la expansión de esta tecnología choca con décadas de diseño urbano basado en luz blanca, considerada la mejor para visibilidad y conducción.
El tono blanco neutro mejora el reconocimiento de colores, señales y distancias, algo clave para la seguridad vial.
El posible salto de esta medida a España abre un debate técnico y ambiental.
La normativa europea prioriza parámetros de luminancia, uniformidad y control del deslumbramiento pensados para luz blanca, mientras que la regulación española sobre alumbrado exterior tampoco contempla colores distintos.
Además, el uso del rojo en la vía pública podría generar confusión visual, ya que tradicionalmente se asocia a advertencias o peligro. Aun así, expertos en urbanismo y medio ambiente empiezan a discutir si la reducción de la contaminación lumínica debería pesar más en el diseño nocturno de las ciudades.
Con una de las mayores biodiversidades del continente y amplias zonas afectadas por exceso de luz artificial, España podría convertirse en el próximo escenario donde se decida si la noche urbana del futuro será blanca… o roja.
Con información de Infobae.
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