En el México prehispánico el xoloitzcuintle era considerado compañero de los difuntos en su camino de la vida hacia la muerte.
Raúl Valadez Azúa, investigador en el Laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la UNAM, ha estudiado esta raza desde hace 30 años.
Lo que le permite explicar su origen y asociación a diferentes tradiciones, entre ellas las relacionadas a la muerte.
“Los hallazgos más antiguos son del siglo VII de nuestra era. Ahí los perros pelones, junto con otras razas, se asocian a contextos funerarios o como guardianes de espacios considerados sagrados”.
Pero más allá de representar un papel como acompañantes o guías de los humanos en su viaje al inframundo, también tenían un valor simbólico que Raúl Valadez plantea con base en sus investigaciones.
Maya y Lucio son los nombres de dos xoloitzcuintles que forman parte de la vida de Aarón Cadena, fotógrafo y amante de los xolos.
“Para mí tienen un significado como parte del rescate de una de las razas nacionales. He tenido muchos perros, pero me enamora saber que ellos convivieron con nuestros antepasados y que aún los tenemos aquí”.
¿Por qué el xoloitzcuintle es la raza que en el imaginario popular se relaciona con estas tradiciones prehispánicas? En el siglo XVI, cuando el territorio mesoamericano se convierte en Nueva España, los cronistas, exploradores y frailes, entre otros, describían el entorno del mundo indígena. Los perros pelones les interesaron porque eran los más llamativo.
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