imagen tomada de es.wikipedia.org
Aoshima se ha convertido en uno de los lugares más peculiares de Japón: una isla casi desierta donde apenas tres personas conviven con alrededor de 80 gatos entre casas derruidas, templos vacíos y caminos cubiertos por la vegetación.
Ubicada en el mar interior de Seto, esta pequeña isla ganó fama mundial por su enorme población felina, que originalmente fue introducida para combatir plagas de ratas en comunidades pesqueras.
Hoy, esos gatos son los verdaderos protagonistas de un territorio donde la presencia humana prácticamente desapareció.
La historia de Aoshima comenzó en 1639, cuando familias pescadoras se instalaron en la isla para dedicarse a la captura de sardinas.
Los gatos llegaron como una solución funcional, pero con el paso del tiempo se transformaron en una comunidad dominante.
Tras alcanzar cerca de 900 habitantes después de la Segunda Guerra Mundial, la isla sufrió un fuerte despoblamiento debido a la caída de la pesca y la migración hacia zonas urbanas.
La salida de residentes permitió que la población felina creciera sin control, llegando a superar los 200 ejemplares hace una década.
Aunque campañas de esterilización redujeron la colonia a unos 80 gatos, el futuro de la isla sigue siendo incierto.
Muchos de los animales presentan problemas genéticos derivados de la endogamia, mientras que los últimos habitantes enfrentan condiciones cada vez más difíciles por la falta de servicios básicos.
Sin hoteles, hospitales o comercios, Aoshima vive del turismo ocasional de visitantes atraídos por sus famosos felinos.
Entre ruinas, silencio y maullidos, Aoshima representa una extraña postal donde naturaleza, abandono y supervivencia conviven, dejando abierta la pregunta sobre cuánto tiempo más podrá mantenerse este singular equilibrio.
Con información de Infobae.
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