Impacto climático de los sistemas alimentarios
Los sistemas alimentarios mundiales avanzan demasiado lentamente para cumplir varios de los objetivos ambientales y sociales establecidos para 2030. Un nuevo análisis advierte que las emisiones vinculadas con la producción de alimentos incluso mantienen una trayectoria contraria a la necesaria para contener el calentamiento global.
El estudio de la Food Systems Countdown Initiative evaluó cerca de 50 indicadores a escala mundial, regional y nacional. Entre ellos figuran el costo de una dieta saludable, disponibilidad de frutas y verduras, productividad agrícola, uso de recursos y gases de efecto invernadero generados por los sistemas agroalimentarios.
Los resultados, publicados en Nature Food, indican que alcanzar varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dentro del plazo acordado resulta prácticamente imposible al ritmo actual.
La agricultura y el resto de la cadena alimentaria representan alrededor de un tercio de los gases de efecto invernadero generados por actividades humanas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El nuevo análisis encontró que, globalmente, estos gases continúan aumentando. Para alcanzar un balance neto cero en los sistemas agroalimentarios en 2030, todas las regiones tendrían que acelerar su progreso aproximadamente 70% cada año durante los próximos cuatro años.
Bianca Carducci, autora principal del estudio, considera inviable mantener semejante ritmo. Explicó que muchos países apenas consiguen cambios cercanos al 5% anual en determinados indicadores.
Sin embargo, las diferencias nacionales resultan importantes. Algunos países pueden registrar avances considerables mientras otros permanecen estancados, por lo que los investigadores advierten que una evaluación basada exclusivamente en cumplir o incumplir una fecha puede ocultar progresos relevantes.
La investigación muestra que reducir el impacto climático de la alimentación depende de múltiples factores relacionados entre sí. Los cambios en tierras agrícolas, rendimientos de los cultivos, extracción de agua, pesca y participación de la sociedad civil pueden modificar los resultados ambientales.
Por ello, los especialistas plantean analizar los sistemas alimentarios de manera integral y diseñar estrategias capaces de mantenerse a largo plazo, en lugar de recurrir únicamente a soluciones rápidas para alcanzar determinados plazos.
El panorama mejora cuando los investigadores amplían el horizonte hasta 2050. Bajo ese escenario, distintas regiones presentan mayores posibilidades de alcanzar buena parte de sus objetivos nutricionales y ambientales.
Esto no significa que los gobiernos puedan retrasar las acciones. Los años restantes antes de 2030 todavía ofrecen oportunidades para acelerar las transformaciones y construir mecanismos de rendición de cuentas. Para los especialistas, el objetivo debe ser establecer rutas realistas que reduzcan el impacto climático de la producción de alimentos y permitan mantener los avances durante las próximas décadas.
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