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En lo alto de la provincia de Sichuan, a unos 300 kilómetros de Chengdu, el glaciar Dagu parece sacado de una postal: nieve eterna, vistas espectaculares y un teleférico que atrae cada año a cientos de miles de turistas. Pero detrás del paisaje, los científicos ven otra realidad: un glaciar gravemente enfermo que se derrite a un ritmo alarmante por el cambio climático.
Para intentar retrasar su desaparición, investigadores chinos han puesto en marcha una idea tan llamativa como polémica: cubrir parte del glaciar con enormes mantas especiales capaces de reducir la pérdida de hielo.
Dagu no solo es un atractivo turístico. Su hielo sostiene la economía local, genera empleos y abastece de agua potable e incluso energía hidroeléctrica a las comunidades cercanas. Aun así, los expertos no dudan en llamarlo un “glaciar moribundo”.
De acuerdo con la Academia China de Ciencias, desde la década de 1960 su superficie helada se ha fragmentado y reducido de forma drástica. Tan solo en los últimos cuatro años, el frente del glaciar retrocedió otros 20 metros, y las proyecciones son contundentes: si no hay una intervención urgente, Dagu podría desaparecer en 2029.
El problema va mucho más allá de un solo glaciar. China alberga alrededor de 69 mil glaciares, cerca del 10% del total mundial. Entre 2008 y 2020, su superficie helada se redujo casi un 6%, y desde los años 60 la pérdida acumulada alcanza el 26%.
Ante este panorama, científicos liderados por Wang Feiteng decidieron actuar. Desde 2020, parte del glaciar Dagu fue cubierta con las llamadas mantas glaciares, capas fabricadas con materiales reflectantes y aislantes que reducen la absorción de radiación solar y mejoran el albedo del hielo.
Los resultados iniciales son prometedores. Según datos publicados por la Academia China de Ciencias y citados por la UNESCO, la zona cubierta se derritió un 34% menos entre 2020 y 2021. Incluso un año después de retirar las mantas, el hielo siguió perdiéndose a un ritmo 15% más lento.
Las pruebas no se quedaron ahí. En el glaciar Ürümqi, en las montañas Tian Shan, los investigadores utilizaron nanomateriales más avanzados, logrando reducir hasta en 70% el deshielo durante el verano. Un nuevo material desarrollado por la Universidad de Nanjing incluso refleja más del 93% de la luz solar.
Pese a los avances, los propios científicos reconocen las limitaciones. El uso de mantas se ha aplicado sobre todo en glaciares pequeños, turísticos y de fácil acceso, como Dagu. Los costos son elevados, el impacto ambiental aún genera dudas y la técnica no es viable a gran escala.
Además, los materiales empleados podrían afectar a los ecosistemas locales y a la calidad del agua. Por eso, expertos internacionales coinciden en que estas mantas solo compran tiempo, pero no resuelven el problema de fondo.
Como resume el glaciólogo Matthias Huss, de la ETH de Zúrich: es una solución local útil, pero la respuesta real es otra mucho más compleja y global: frenar el cambio climático.
Con información de Xataka.
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