Brasil alerta por el declive de una tortuga de agua dulce
Brasil incorporó por primera vez a una tortuga de agua dulce de la Amazonía en su lista oficial de fauna en peligro de extinción. La actualización elevó el nivel de riesgo de la tortuga amazónica de seis tubérculos, conocida localmente como cágado-iaçá, después de registrar una fuerte reducción de sus poblaciones.
El Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático publicó la nueva clasificación tras evaluar miles de especies. Los datos oficiales indican que la población de Podocnemis sextuberculata disminuyó más del 50 % durante los últimos 36 años en Amazonas y el oeste de Pará, regiones que concentran cerca del 70 % de su distribución.
Los programas de conservación no han logrado detener el descenso de esta especie, una de las más pequeñas del género Podocnemis. Un ejemplar puede alcanzar 34 centímetros de longitud y pesar alrededor de 3.5 kilogramos.
Las comunidades del norte de Brasil consumen tradicionalmente este animal junto con la tortuga de río de manchas amarillas y la tortuga amazónica gigante. Estas dos últimas especies mantienen una categoría de menor preocupación.
Autoridades ambientales reconocen que las nuevas medidas deberán proteger a la fauna sin perjudicar a los pueblos que dependen históricamente de estos animales para su subsistencia. Por ello, especialistas piden acompañar las restricciones con diálogo, educación ambiental y alternativas para las comunidades.
La actualización también reclasificó a la tortuga de patas rojas como vulnerable y a la tortuga de patas amarillas como especie en peligro. El comercio de mascotas afecta a ambas especies en distintas regiones del país.
El guacamayo jacinto, el mono aullador negro y el oso hormiguero sedoso rojo ingresaron en la categoría de vulnerables. En total, Brasil incluyó 790 especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios e invertebrados terrestres en la lista publicada el 18 de junio.
Al sumar los peces e invertebrados acuáticos registrados en abril, el país contabiliza 1,280 especies amenazadas. El Instituto Chico Mendes evaluó 15,588 especies, en uno de los estudios nacionales más amplios sobre riesgo de extinción.
La pérdida de hábitat representa la principal amenaza para la fauna terrestre. La deforestación, la expansión urbana y los incendios agravan el problema, especialmente en la Mata Atlántica, que conserva apenas el 12.4 % de su cobertura original.
El tráfico ilegal también aumenta la presión sobre la biodiversidad. Organizaciones especializadas calculan que traficantes extraen más de 38 millones de animales cada año de los biomas brasileños, aunque las autoridades todavía carecen de registros completos sobre el comercio clandestino.
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