Ambiente

El cielo nocturno de Arizona, en riesgo: así se mide la contaminación lumínica

Cuando anochece en los paisajes abiertos de Arizona, el cielo suele regalar una escena inolvidable: miles de estrellas cubriendo el horizonte. Sin embargo, ese espectáculo natural está cada vez más amenazado. La contaminación lumínica no deja de crecer, incluso en zonas rurales, dificultando la observación del firmamento y alterando el equilibrio de los ecosistemas que dependen de la oscuridad.

Con el objetivo de enfrentar este problema, Pattern colabora con la sección del sur de Arizona de DarkSky International para restaurar y proteger los entornos nocturnos. Esta alianza impulsa la creación de una red de equipos especializados que permitirá registrar y analizar los cambios en los niveles de luz artificial en la región.

Una alianza para proteger la noche

La sección del sur de Arizona de DarkSky International nació del esfuerzo conjunto de astrónomos, ecologistas y ciudadanos preocupados por el futuro del cielo nocturno. Su labor se centra en educar a la comunidad, promover regulaciones adecuadas y trabajar con gobiernos locales y empresas para fomentar una iluminación exterior más responsable.

Entre sus acciones destacan el asesoramiento a municipios sobre ordenanzas de iluminación, el apoyo a negocios para adoptar instalaciones compatibles con el cielo oscuro y la organización de eventos comunitarios, como las tradicionales fiestas de las estrellas, donde expertos y telescopios acercan el universo a la gente.

Para Emilio Falco, cofundador del capítulo y astrónomo con décadas de experiencia en zonas rurales de Arizona, el valor de los cielos oscuros va mucho más allá de la ciencia.

Mantener la noche natural protege a la fauna, favorece la salud humana y ayuda a conservar energía.

Murciélagos, coyotes, insectos y muchas otras especies dependen de la oscuridad para orientarse, alimentarse y reproducirse, y la luz artificial interfiere con esos procesos.

La contaminación lumínica y su impacto ambiental

Falco advierte que incluso pequeños incrementos de luz pueden romper los ritmos naturales.

“La contaminación lumínica puede alterar los ritmos circadianos de toda la vida”, señala, y pone como ejemplo la disminución de insectos, un fenómeno que afecta a toda la cadena alimenticia y también a las aves.

John Barentine, investigador y cofundador del capítulo, coincide en que se trata de un problema ambiental subestimado.

Explica que muchas personas no perciben sus efectos porque ocurren de noche, fuera de la vista cotidiana.

Sin embargo, recuerda que la noche representa aproximadamente la mitad de cada día y es un espacio vital para la naturaleza y para el bienestar humano.

A pesar de estos retos, Arizona aún conserva algunos de los cielos más oscuros de Estados Unidos, con varias Ciudades del Cielo Oscuro certificadas, desde comunidades pequeñas como Tubac hasta urbes más grandes como Flagstaff. Mantener este patrimonio requiere la participación de todos, desde quienes ajustan la iluminación de sus hogares hasta los municipios que revisan su infraestructura.

La Red DarkSky, impulsada por esta iniciativa, busca recopilar datos precisos y accesibles sobre la contaminación lumínica.

Gracias a una donación de Pattern, el proyecto cuenta con el equipo necesario para comenzar su implementación.

Según Barentine, contar con mediciones claras da mayor solidez a las acciones de defensa y permite comprender mejor dónde y por qué empeora el problema.

Mientras la red sigue creciendo, los expertos coinciden en que el primer paso para cualquier ciudadano es informarse.

Conocer el impacto de la luz artificial y aplicar principios básicos de iluminación responsable puede marcar una gran diferencia. Para DarkSky International, no se trata de apagar las luces, sino de usarlas de forma inteligente para que las estrellas sigan brillando.

Con información de Pettern.

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