Centros de datos aumentan la demanda mundial de agua
El crecimiento de la inteligencia artificial está impulsando una rápida expansión de los centros de datos, infraestructuras que necesitan enormes cantidades de electricidad y agua para operar. Su avance genera preocupación por el impacto climático y, especialmente, por la presión adicional sobre los recursos hídricos.
Estas instalaciones mantienen funcionando servidores que procesan las solicitudes de herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, la elevada temperatura que generan los equipos obliga a utilizar sistemas de refrigeración que pueden consumir grandes volúmenes de agua.
Actualmente, estas infraestructuras representan alrededor del 1.5% del consumo mundial de electricidad. La Agencia Internacional de Energía (AIE) calcula un consumo anual cercano a 415 teravatios hora (TWh), mientras la expansión de la IA podría elevar considerablemente esa demanda.
Estados Unidos concentra más de 4,000 instalaciones y lidera ampliamente el sector. Además del consumo eléctrico directo, algunas recurren a combustibles fósiles para cubrir sus necesidades energéticas, aumentando así las emisiones asociadas con su funcionamiento.
El agua representa otro desafío. Noman Bashir, investigador vinculado al MIT Climate and Sustainability Consortium, estima que pueden requerirse aproximadamente dos litros de agua por cada kilovatio hora de electricidad consumido, considerando la refrigeración.
Por ello, una expansión acelerada en regiones con estrés hídrico puede intensificar la competencia por un recurso limitado. El problema adquiere mayor importancia cuando las comunidades cercanas también necesitan agua para consumo humano, agricultura y saneamiento.
Asimismo, el aumento de la demanda energética puede elevar las emisiones cuando la electricidad procede de carbón, petróleo o gas. Aunque el impacto de la IA todavía resulta menor que el de sectores altamente contaminantes, su rápido crecimiento preocupa a especialistas ambientales.
Los efectos potenciales no se distribuyen de manera uniforme. Regiones que ya enfrentan sequías, temperaturas extremas y pobreza tienen menor capacidad para responder ante una reducción adicional de sus recursos hídricos.
En Malawi, Somalia y el norte de Kenia, por ejemplo, las sequías agravadas por el cambio climático afectan el agua disponible para beber, cocinar y cultivar. En consecuencia, las malas cosechas pueden profundizar problemas de inseguridad alimentaria y malnutrición.
La falta de agua potable también incrementa los riesgos sanitarios. Cuando las comunidades dependen de fuentes contaminadas, enfermedades como el cólera pueden propagarse con mayor facilidad.
Concern Worldwide desarrolla más de 20 programas de agua, saneamiento e higiene (WASH) para mejorar el acceso a fuentes seguras, incluyendo infraestructura como bombas de agua.
La expansión tecnológica plantea así un reto que va más allá de reducir emisiones. El crecimiento de la inteligencia artificial también exige decidir dónde construir estas instalaciones, qué fuentes energéticas utilizar y cuánta agua pueden consumir sin comprometer las necesidades de las poblaciones y los ecosistemas.
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