La degradación ambiental está debilitando las condiciones naturales necesarias para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Julia Carabias Lillo, bióloga y profesora de la UNAM, advirtió que varios umbrales planetarios esenciales para mantener la estabilidad de la Tierra ya fueron rebasados.
Durante el seminario Emergencia Climática, organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Carabias señaló alteraciones en la integridad de la biósfera, el clima, los sistemas terrestres, el agua dulce y los ciclos biogeoquímicos. También mencionó la acidificación de los océanos.
Estos límites representan márgenes científicos de seguridad frente a las presiones humanas. Entre sus principales causas aparecen el sistema de producción y consumo de alimentos, el uso de energía y una economía basada en la extracción intensiva de recursos.
Umbrales planetarios rebasados elevan el riesgo de extinción
Las consecuencias ya alcanzan a la biodiversidad. Carabias explicó que el aumento de las temperaturas puede provocar desplazamientos de plantas de hasta 10 kilómetros anuales, mientras otras especies podrían perder las condiciones necesarias para sobrevivir.
Actualmente, el 41% de los anfibios, 26% de los mamíferos y 34% de las coníferas se encuentran amenazados de extinción, según las cifras expuestas por la especialista.
Además, Carabias señaló que hacia 2100 podría desaparecer hasta un millón de especies de plantas y animales. Con niveles elevados de calentamiento, las especies endémicas y los organismos marinos enfrentarían riesgos particularmente graves.
Por ello, los objetivos relacionados con clima, ecosistemas terrestres y océanos resultan fundamentales para avanzar en el resto de la Agenda 2030. Sin embargo, las soluciones requieren políticas coordinadas, financiamiento y objetivos compatibles entre sectores.
Transformar alimentos, energía y ciudades resulta indispensable
Carabias planteó como metas alcanzar cero deforestación y sobreexplotación de especies, reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero y combatir los residuos y la contaminación. Al mismo tiempo, consideró indispensable restaurar los ecosistemas degradados.
En el sistema alimentario, las medidas incluyen agricultura sostenible, protección de la diversidad genética, reducción del desperdicio de alimentos y agua, ordenamiento pesquero y cambios en determinados patrones de consumo.
Asimismo, conservar la biodiversidad requiere fortalecer las áreas naturales protegidas y generar alternativas económicas mediante actividades como ecoturismo, pesca responsable y manejo forestal sostenible.
La transición energética representa otro frente prioritario. Según lo expuesto por Carabias, las inversiones necesarias para desarrollar sistemas de bajas emisiones deberán multiplicarse por seis hacia 2050.
Finalmente, la economía circular puede disminuir la extracción mediante reparación, reúso y reciclaje. Las ciudades también necesitan más áreas verdes, menor congestión y una planificación adaptada a las características de cada territorio.
El desafío, sostuvo la especialista, consiste en abordar simultáneamente estas transformaciones. Conservar los sistemas naturales no representa un objetivo separado del desarrollo, sino una condición necesaria para sostener el bienestar humano.