Agricultores de Fiji observan plantas, insectos, aves y cambios en el mar para anticipar fenómenos meteorológicos extremos. Ahora, el país busca combinar esos conocimientos ancestrales con sus pronósticos científicos para fortalecer la preparación de las comunidades ante los ciclones.
Esta estrategia cobra especial importancia en las islas remotas del Pacífico, donde la falta de estaciones meteorológicas y equipos de monitoreo puede retrasar las alertas oficiales.
La naturaleza alerta sobre la llegada de ciclones
En Vanua Levu, la segunda isla más grande de Fiji, los agricultores vigilan el crecimiento de los ñames silvestres desde julio. Cuando las enredaderas avanzan sobre el suelo, las comunidades interpretan que intentan protegerse del viento y que un huracán podría llegar entre noviembre y abril.
Cuando las plantas crecen hacia arriba, los agricultores consideran menos probable la llegada de una tormenta intensa. También observan a las abejas, los plátanos, los árboles del pan, las aves marinas y otras especies que cambian su comportamiento antes de un evento extremo.
El Servicio Meteorológico de Fiji decidió integrar este conocimiento ecológico tradicional a sus métodos científicos en 2024. Vanuatu, Tonga, Samoa, Niue y las Islas Salomón también impulsan iniciativas similares con apoyo del Programa Regional del Medio Ambiente del Pacífico.
Desde 2016, este organismo recopila reportes comunitarios mediante llamadas, mensajes, redes sociales y centros climáticos. Los especialistas comparan cada señal con los registros meteorológicos para comprobar su relación con tormentas e inundaciones.
Las comunidades ganan tiempo para protegerse
Antes del ciclón Winston, habitantes de la provincia de Tailevu detectaron cambios en la naturaleza con varios meses de anticipación. Los avispones construyeron sus nidos cerca del suelo, los árboles produjeron varios frutos del pan en un mismo tallo y los brotes de plátano crecieron curvados.
Semanas antes del impacto, los pescadores sintieron el mar más caliente y encontraron peces muertos en la costa. Después, las aves marinas volaron hacia tierra a menor altura de lo habitual.
Estas señales permiten que las familias almacenen alimentos y agua, refuercen sus viviendas y trasladen a sus animales hacia lugares protegidos. También ofrecen una alternativa económica para territorios que no cuentan con equipos meteorológicos en todas sus islas.
Los investigadores aclaran que los saberes tradicionales no sustituyen a los satélites, radares y modelos informáticos. En cambio, su integración amplía la información disponible y ayuda a las comunidades a reaccionar con mayor rapidez.
Fiji enfrenta fenómenos cada vez más intensos por el cambio climático. Por eso, agricultores y científicos consideran que la experiencia transmitida mediante relatos, canciones y prácticas agrícolas puede reforzar la resiliencia del país.