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Hélices silenciosas: la apuesta de Alemania para reducir el ruido en los océanos

Hélices silenciosas podrían ser la clave para reducir uno de los problemas menos visibles, pero más constantes, que enfrentan los océanos: el ruido provocado por los barcos.

Desde hace siglos, las embarcaciones generan un sonido continuo bajo el agua debido a sus hélices. Este fenómeno, conocido como cavitación, ocurre cuando las palas giran a alta velocidad y crean burbujas de vapor que colapsan violentamente, produciendo ondas de presión y ruido que pueden viajar kilómetros bajo el mar.

Aunque este problema fue identificado formalmente en 2004, su origen se estudia desde 1893. Sin embargo, hasta ahora no existe una solución efectiva. Un equipo de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Kiel trabaja en cambiar eso con el proyecto MinKav.

Hélices silenciosas: el origen del ruido submarino

El desarrollo de hélices silenciosas parte de entender cómo se genera el sonido. Cuando las burbujas de vapor formadas por la cavitación implosionan, liberan energía que se convierte en vibración y ruido de baja frecuencia.

Este tipo de sonido afecta directamente a la vida marina. Animales como las ballenas dependen del sonido para comunicarse, orientarse y cazar, mientras que peces y crustáceos lo utilizan para detectar peligros o reproducirse.

El problema no es menor: se estima que hay alrededor de 50 mil buques mercantes operando constantemente en el mundo, todos generando este tipo de contaminación acústica. Además, la cavitación no solo produce ruido, también implica pérdida de energía, lo que reduce la eficiencia de las embarcaciones.

Hélices silenciosas: así buscan reducir la contaminación

El equipo alemán ha identificado que el momento más ruidoso no es cuando se forman las burbujas, sino cuando colapsan, y que la intensidad depende de la velocidad de ese proceso.

Para estudiarlo, realizan experimentos en laboratorio con hélices en miniatura, utilizando micrófonos subacuáticos y cámaras de alta velocidad. El siguiente paso es crear simulaciones para diseñar nuevas geometrías que reduzcan el ruido sin afectar el rendimiento.

Bajar la velocidad de los barcos no es viable, por lo que el reto es técnico. El proyecto MinKav tendrá una duración de tres años y un presupuesto limitado, lo que implica que aún queda un largo camino antes de ver estas soluciones aplicadas en embarcaciones reales.

Con información de Kataxa.
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