Imagen tomada de aristeguinoticias.com
En un pequeño pueblo pesquero de Yucatán llamado Chelem, un grupo de mujeres decidió organizarse para defender uno de los ecosistemas más valiosos y amenazados del planeta: los manglares. Son conocidas como las Guardianas del Mar o “Chelemeras”, y desde hace casi 14 años se han dedicado a proteger y restaurar estas zonas naturales frente a amenazas como la deforestación, la construcción de carreteras y los huracanes.
Su labor no ha sido sencilla. Además de enfrentar los efectos del cambio climático, han desafiado intereses que ponen en riesgo esta reserva natural.
Aun así, su compromiso se ha mantenido firme, convirtiéndose en un ejemplo de defensa ambiental comunitaria.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los manglares son uno de los ecosistemas más incomprendidos del mundo. Durante años han sido vistos como zonas “sucias” o terrenos sin valor, lo que ha provocado que se talen para dar paso a desarrollos urbanos o turísticos.
La realidad es muy distinta. Los manglares albergan los únicos árboles capaces de crecer en agua salada y cumplen una función clave al filtrar nutrientes y sedimentos, mejorando la calidad del agua. Además, son refugio de una enorme biodiversidad: más de mil 500 especies de plantas y animales dependen de ellos, incluidos peces, aves y mamíferos como monos, perezosos e incluso grandes depredadores.
A nivel mundial, la situación es alarmante. Una quinta parte de los manglares ya ha desaparecido, y en regiones como el delta del Irrawaddy, en Myanmar y China, se ha perdido más del 80 por ciento desde la década de 1970. México no es la excepción, ya que estos ecosistemas siguen bajo presión constante.
La principal causa de su desaparición es el desarrollo urbanístico costero, que implica la tala de manglares para construir edificios o piscifactorías dedicadas a la cría de camarones y peces.
Los manglares ofrecen múltiples beneficios ambientales y sociales. Entre los más importantes destacan:
Héroes contra el cambio climático:
Capturan hasta cinco veces más carbono que los bosques terrestres, ayudando a reducir el impacto climático.
Protección ante desastres naturales:
Actúan como barrera natural frente a huracanes y tormentas, disminuyendo daños en zonas costeras.
Refugio de especies amenazadas:
El 15 por ciento de las especies que dependen de los manglares está en peligro de extinción.
Seguridad alimentaria:
Funcionan como viveros de peces y hogar de especies clave para la producción de alimentos, incluidas abejas melíferas.
Las Chelemeras concentran sus esfuerzos en restaurar el equilibrio natural del manglar.
Para lograrlo, construyen canales, remueven sedimentos y restablecen el flujo de agua.
También recrean la topografía original mediante pequeñas islas hechas de madera, malla sombra y sedimentos, conocidas como tarquinas o centros de dispersión.
Gracias a estas acciones, se facilita el crecimiento del mangle y de otras plantas, recuperando los servicios ecosistémicos del lugar y ayudando a frenar el aumento del nivel del mar.
La historia de estas mujeres demuestra que la protección del planeta empieza desde lo local. Su trabajo no solo rescata un ecosistema esencial, también envía un mensaje urgente: todavía es posible actuar para revertir el daño ambiental, pero hay que hacerlo ahora.
Con información de Meteored.
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