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Ni humanos ni primates: los cuervos sorprenden con su inesperado talento para la geometría

La geometría en cuervos acaba de poner en duda una de las ideas más arraigadas en la ciencia: que solo los humanos comprendemos la regularidad geométrica. Durante décadas, la percepción de formas con ángulos rectos, líneas paralelas o simetría (bases de la geometría elemental), se consideró una habilidad exclusivamente humana.

Nuestra especie ha demostrado desde etapas muy tempranas del desarrollo una comprensión natural de las reglas espaciales.

Además, investigaciones anteriores reforzaron esa creencia al mostrar que primates como los babuinos no lograban reconocer regularidad geométrica, incluso después de entrenamientos intensivos.

Esto amplió la brecha entre humanos y el resto del reino animal en cuanto a geometría euclidiana.

Sin embargo, un nuevo experimento decidió mirar hacia otro grupo: las aves, conocidas por sus sorprendentes capacidades cognitivas y aritméticas.

Un experimento con pantallas táctiles

Científicos de la Universidad de Tubinga pusieron a prueba a dos cuervos macho, de 10 y 11 años, utilizando pantallas táctiles dentro de cámaras de acondicionamiento. En la pantalla aparecía una matriz con seis formas al mismo tiempo. La misión era clara: detectar al “intruso”, es decir, picotear la figura que se diferenciaba de las otras cinco.

Para la prueba final se utilizaron cinco cuadriláteros ordenados según su regularidad: un cuadrado, un trapecio isósceles, un rombo, una bisagra derecha y una figura completamente irregular. Las formas intrusas se creaban modificando uno de los vértices originales, desplazándolo a una distancia equivalente al 75% de la separación promedio entre vértices.

Resultados que cambian lo que creíamos saber

Los resultados fueron sorprendentes. Desde el primer contacto con los nuevos conjuntos de figuras, los cuervos entendieron la tarea sin dudar. Superaron ampliamente el nivel de azar (16.7%) en sus primeros ensayos.

En las primeras 60 pruebas, uno alcanzó un 48.3% de aciertos y el otro un 56.7%.

Lo más revelador fue que su rendimiento mejoró significativamente cuando las figuras presentaban propiedades propias de la geometría euclidiana pura, como simetría, líneas paralelas o ángulos rectos. Y lo hicieron sin necesidad de un entrenamiento prolongado adicional.

Aunque existen diferencias metodológicas respecto a experimentos previos con babuinos, los cuervos debían mantener un 75% de aciertos durante cinco sesiones consecutivas para avanzar, el hallazgo principal es claro: estas aves reconocen la regularidad geométrica.

Este descubrimiento no solo replantea nuestra visión sobre la inteligencia animal, sino también sobre el origen evolutivo de las matemáticas puras.

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