El deshielo acelerado por olas de calor reduce las reservas de nieve y aumenta los riesgos ambientales en el oeste estadounidense.
Olas de calor aceleran el deshielo en las montañas

Olas de calor aceleran el deshielo en las montañas

El deshielo de las montañas del oeste de Estados Unidos está cambiando conforme episodios de calor mantienen las temperaturas por encima del punto de congelación. Científicos advierten que estas condiciones pueden duplicar la velocidad con la que desaparece la nieve.

Los investigadores denominan estos eventos “devoradores de nieve”. A diferencia de otros periodos cálidos, ocurren cuando las temperaturas permanecen sobre cero durante el día y la noche por varios días consecutivos.

El deshielo altera las reservas naturales de agua

Un estudio publicado en Science Advances identificó las condiciones que caracterizan estos episodios. Los investigadores encontraron que suelen prolongarse entre tres y cinco días y aceleran considerablemente la pérdida de nieve acumulada.

Además, el fenómeno aparece progresivamente más temprano y afecta territorios mayores. Desde mediados del siglo XIX, la superficie expuesta aumentó en promedio unos 103,600 kilómetros cuadrados por siglo. El primer episodio de cada temporada también se adelantó aproximadamente un mes por siglo.

La radiación solar agrava el proceso. Cuando los cristales se calientan, pierden parte de su estructura y capacidad para reflejar luz. En consecuencia, la nieve absorbe más energía y desaparece con mayor rapidez.

Menos nieve aumenta los desafíos ambientales

El oeste estadounidense registró niveles excepcionalmente bajos de nieve acumulada. Colorado recibió menos precipitaciones, mientras California tuvo abundante agua, pero una proporción importante cayó como lluvia. Las temperaturas superiores al promedio fueron el elemento común.

Esta situación también puede aumentar el estrés hídrico de los bosques. Una menor reserva de nieve significa menos humedad disponible durante los meses secos, condición relacionada con incendios forestales más intensos.

Asimismo, el derretimiento acelerado complica la administración de embalses. El agua almacenada naturalmente en las montañas llega anticipadamente a ríos y reservorios, convirtiendo un recurso destinado al verano en un posible riesgo de inundación.

Los científicos investigan además posibles vínculos con avalanchas, colapsos glaciares y pérdida de permafrost. Comprender mejor estos episodios permitiría anticipar cambios en las reservas de agua y reducir riesgos para comunidades y ecosistemas.

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