Las estelas de los aviones podrían convertirse en un nuevo frente para reducir el impacto climático de la aviación. Reino Unido probará inteligencia artificial para anticipar dónde se forman estas nubes y modificar la altitud de determinados vuelos.
El proyecto Operation Blue Skies reunirá a Google, el Gobierno británico, Met Office, National Air Traffic Services, la Universidad de Cambridge e Imperial College London. La iniciativa contará con una inversión de cinco millones de libras y estudiará el espacio aéreo Shanwick, sobre el Atlántico Norte.
Estelas de los aviones y su efecto sobre el clima
Las estelas aparecen cuando los gases calientes de los motores encuentran aire frío a gran altitud y generan cristales de hielo. Algunas desaparecen rápidamente, pero otras permanecen, se expanden y forman nubes capaces de retener calor.
Los investigadores estiman que este fenómeno podría representar cerca de un tercio del calentamiento climático asociado con la aviación, aunque existe incertidumbre sobre su contribución exacta.
Google utilizará imágenes satelitales, información meteorológica y datos de vuelos para localizar condiciones favorables para su formación. Después, los controladores podrán recomendar cambios de altitud de aproximadamente 2,000 pies.
Estas modificaciones ya forman parte de las operaciones habituales para evitar turbulencias o condiciones meteorológicas adversas. Por ello, los pasajeros difícilmente notarían las maniobras.
Inteligencia artificial para modificar rutas aéreas
La prueba contempla alrededor de 10,000 vuelos dentro del espacio aéreo seleccionado, aunque solamente una parte requerirá modificaciones específicas. Los ensayos anteriores consiguieron reducir entre 60% y 70% la formación o calentamiento generado por estas nubes.
Cambiar la altitud puede aumentar ligeramente el consumo de combustible. Sin embargo, los modelos calculan un incremento inferior al 1%, mientras el beneficio climático potencial sería considerablemente mayor.
Una desviación completa dentro de Shanwick podría requerir aproximadamente 100 kilogramos adicionales de combustible por aeronave afectada. Los resultados permitirán determinar si pequeños ajustes operativos pueden disminuir significativamente el calentamiento provocado por la aviación sin alterar las rutas de manera sustancial.