De acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la de la moda es la segunda más contaminante del mundo.
Según esa entidad, el rubro del vestido utiliza 93 mil millones de metros cúbicos de agua cada año, volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas, y cada 12 meses vierte medio millón de toneladas de microfibras al mar, que equivalen a tres millones de barriles de petróleo.
La industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, lo cual acelera el calentamiento global.
“Todo el proceso de la producción textil —desde la siembra y obtención del algodón u otra materia prima hasta la producción de las prendas, el transporte, el almacenaje y el uso de la plancha en casa— tiene un costo ambiental muy alto”, señaló Rogelio Omar Corona Núñez, académico de la Facultad de Ciencias de la UNAM.
A decir del especialista, el consumo hídrico de la industria es tan agresivo que ha llevado a la desecación de cuerpos de agua como el Mar Aral, en Asia Central, considerado alguna vez el cuarto lago más grande del mundo. La demanda cada vez más alta lleva a la sobreexplotación de recursos y a que las distribuidoras y maquiladoras aumenten su producción.
“Empresas como Shein han aumentado a 54 el lanzamiento de nuevas colecciones al año. ¡Es muchísimo!”, expresó.
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