Calor extremo pone a prueba la adaptación mundial
El calor extremo está avanzando más rápido que las medidas adoptadas para proteger a la población. Tras un verano marcado por temperaturas récord y sucesivas olas de calor, especialistas advierten que la combinación del cambio climático y El Niño puede intensificar todavía más los episodios peligrosos.
Europa occidental atravesó cinco olas de calor que secaron suelos, favorecieron incendios forestales y redujeron el caudal de varios ríos. Además, estimaciones preliminares atribuyeron al menos 35 mil muertes adicionales a las primeras cuatro olas en aproximadamente la mitad del continente.
El panorama podría agravarse. El calentamiento global ronda ya los 1.4 °C respecto de los niveles preindustriales, mientras el actual ciclo de El Niño añade temporalmente más calor al sistema climático.
Las medidas de adaptación han conseguido reducir algunas consecuencias. Después de la ola de calor europea de 2003, que dejó unas 70 mil muertes, varios países implementaron alertas tempranas, centros de enfriamiento y protocolos sanitarios.
Francia, por ejemplo, estableció habitaciones climatizadas en residencias para adultos mayores, reforzó el seguimiento de personas vulnerables y amplió espacios verdes urbanos.
Sin embargo, Kristie Ebi, profesora de salud global de la Universidad de Washington y autora principal de un nuevo informe de Naciones Unidas, advirtió que los sistemas actuales no avanzan al mismo ritmo que las temperaturas.
Las olas de calor también están apareciendo fuera de las temporadas consideradas tradicionalmente peligrosas. Asimismo, algunos episodios recientes han superado los niveles para los cuales fueron diseñados los mecanismos de alerta.
La vulnerabilidad tampoco se limita a los países con menos recursos. Aunque estas naciones enfrentan mayores riesgos, incluso economías desarrolladas muestran dificultades para adaptarse con suficiente rapidez.
El Acuerdo de París estableció el objetivo de limitar el calentamiento a 1.5 °C y mantenerlo muy por debajo de 2 °C. No obstante, un informe de Naciones Unidas advierte que el primer umbral se superará durante los próximos años.
Ese escenario aumentaría la intensidad de sequías, incendios, pérdida de glaciares y subida del nivel del mar. Al mismo tiempo, elevaría los riesgos directos para la salud humana.
Investigaciones recientes indican que temperaturas cercanas a 26 °C pueden resultar peligrosas cuando coinciden con humedad elevada. El calor no solo provoca golpes de calor, sino que también aumenta la presión sobre el corazón, los pulmones y los riñones.
Los científicos consideran muy probable que 2027 establezca un nuevo récord mundial de temperatura si convergen la influencia de El Niño y el calentamiento provocado por los gases de efecto invernadero.
Por ello, los especialistas proponen someter ciudades, hospitales e infraestructura a escenarios climáticos extremos antes de que ocurran. La adaptación puede reducir daños, pero también será necesario disminuir las emisiones para evitar que las temperaturas terminen superando la capacidad de respuesta de las sociedades.
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