El desierto mexicano guarda mucha más vida de la que muestra a simple vista. En La Laguna, entre Coahuila y Durango, especialistas advierten que el crecimiento de ciudades e industrias está ocupando espacios esenciales para numerosas especies.
Cactáceas, insectos, aves, reptiles y mamíferos forman parte de este ecosistema. Los biólogos consideran necesario cambiar la idea del desierto como terreno vacío y avanzar hacia un modelo urbano que reconozca su biodiversidad.
Un mundo sustentable también protege el desierto
En Viesca, Coahuila, especialistas trabajan dentro de un parque solar para rescatar animales cuando las dunas deben modificarse. Lagartijas, ratones y serpientes encuentran refugio entre la infraestructura y posteriormente requieren protección o reubicación.
Además, especies como coyotes y linces no pueden trasladarse de la misma manera. Algunas lagartijas protegidas por autoridades ambientales reciben monitoreo cada tres meses para revisar el estado de sus poblaciones.
La expansión urbana representa otro desafío. Cuando viviendas e industrias avanzan sobre espacios naturales, algunas serpientes terminan cerca de zonas habitadas porque su territorio original disminuye.
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Ciudades que crecen junto con la naturaleza
Construir un futuro sustentable también implica recuperar especies vegetales adaptadas al clima. Especialistas proponen favorecer mezquites, huizaches y otras plantas nativas en los espacios verdes de La Laguna.
Asimismo, conservar árboles aporta beneficios directos para las ciudades. Estos espacios ofrecen sombra, ayudan a retener suelo, filtran agua, mejoran el aire y proporcionan hábitat para diferentes animales.
La biodiversidad regional también sorprende por su tamaño. En el Cañón de Fernández, especialistas han registrado alrededor de 225 especies de aves mediante la plataforma Naturalista, una muestra de la riqueza que todavía conserva el desierto mexicano.