El humo de los incendios forestales representa un riesgo mayor del que se creía para la salud. Un estudio de la Universidad de Yale concluyó que la exposición repetida y prolongada a las partículas finas presentes en el humo incrementa el riesgo de hospitalización por enfermedades cardiovasculares en adultos mayores, incluso en regiones alejadas de los incendios.
Los investigadores advierten que el problema se intensifica conforme el cambio climático favorece incendios más frecuentes, extensos e intensos, cuyos contaminantes pueden recorrer cientos de kilómetros.
El humo afecta más que los pulmones
Hasta ahora, gran parte de las investigaciones se habían centrado en los efectos respiratorios inmediatos provocados por el humo. Sin embargo, el nuevo trabajo demuestra que la exposición acumulada durante varios años también perjudica el sistema cardiovascular.
El estudio analizó información de aproximadamente 65 millones de beneficiarios de Medicare en Estados Unidos entre 2017 y 2022. Los científicos combinaron imágenes satelitales, monitoreo atmosférico y registros de calidad del aire para estimar la exposición de cada persona a partículas PM2.5 procedentes de incendios forestales.
Los resultados mostraron que incluso niveles moderados de exposición prolongada aumentan las hospitalizaciones por cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, arritmias y accidentes cerebrovasculares.
La insuficiencia cardíaca presentó la asociación más fuerte, mientras que el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular aumentó conforme crecía la exposición acumulada al humo.
Adultos mayores y comunidades vulnerables enfrentan mayor riesgo
Los investigadores también identificaron diferencias importantes entre la población. Las personas con menor nivel socioeconómico mostraron una mayor vulnerabilidad frente a los efectos cardiovasculares del humo, lo que evidencia desigualdades en la exposición y en la capacidad para protegerse.
Los especialistas señalan que los riesgos no se limitan a quienes viven cerca de los incendios. Las partículas pueden desplazarse largas distancias y afectar comunidades que solo experimentan episodios ocasionales de mala calidad del aire.
Ante este escenario, recomiendan consultar los índices de calidad del aire, permanecer en interiores durante los episodios de contaminación, utilizar purificadores de aire o habilitar espacios con aire limpio dentro del hogar y reducir las actividades físicas al aire libre cuando las concentraciones de humo sean elevadas.
Cuando sea necesario salir al exterior, el uso de mascarillas N95 o KN95 correctamente ajustadas puede disminuir la inhalación de partículas finas.
Los autores concluyen que las estrategias para enfrentar los incendios forestales deben considerar no solo los efectos respiratorios inmediatos, sino también el impacto acumulativo sobre la salud cardiovascular de millones de personas expuestas al humo año tras año.