México enfrenta una creciente vulnerabilidad energética por su fuerte dependencia del gas natural importado desde Estados Unidos. Cerca del 75% del consumo diario proviene del vecino del norte, mientras una parte importante se utiliza para generar electricidad. Ante este escenario, el país analiza nuevamente el fracking como alternativa para explotar gas no convencional dentro del territorio nacional.
La propuesta genera preocupación porque esta técnica exige perforar formaciones de roca e inyectar agua, arena y sustancias químicas a alta presión. Investigadores y especialistas ambientales han relacionado este proceso con contaminación de acuíferos, elevado consumo de agua, emisiones de metano, sismicidad inducida y afectaciones a comunidades cercanas.
El fracking mantiene riesgos ambientales sin resolver
México posee yacimientos de gas de esquisto principalmente en el noreste y algunas zonas próximas al Golfo de México. Las estimaciones oficiales consideran que estos recursos podrían elevar la producción nacional y reducir parcialmente las importaciones.
Sin embargo, especialistas cuestionan la posibilidad de desarrollar un fracking significativamente menos contaminante. Las tecnologías que prometen disminuir el consumo de agua, reciclarla o sustituir sustancias nocivas todavía tienen una aplicación limitada y mayores costos.
Además, investigadores advierten que existe poca evidencia científica que permita asegurar que estas alternativas eliminan los principales impactos ambientales. La extracción continúa requiriendo perforaciones intensivas y mantiene riesgos para las aguas subterráneas y los ecosistemas.
La dependencia energética requiere soluciones más profundas
México consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos de gas natural diariamente, pero produce aproximadamente 2 mil 300 millones. Esa diferencia explica la enorme dependencia de las importaciones estadounidenses.
El problema quedó expuesto en 2021, cuando una tormenta invernal interrumpió el suministro desde Texas y provocó apagones en buena parte del país. México también cuenta con capacidad para almacenar gas durante apenas unos días.
Los especialistas señalan que una explotación masiva mediante fractura hidráulica podría ofrecer solamente una solución temporal. Las reservas mexicanas son menores que las estadounidenses y requerirían perforaciones constantes para mantener la producción.
Frente a este panorama, una estrategia energética de largo plazo tendría que combinar mayor generación renovable, eficiencia energética, almacenamiento y una reducción progresiva del consumo de combustibles fósiles. Apostar principalmente por el fracking podría sustituir una dependencia externa por nuevos riesgos ambientales dentro del territorio mexicano.