A casi cuatro décadas después del desastre nuclear de Chernobyl, los científicos siguen encontrando sorpresas. En medio de un entorno marcado por la radiación extrema, varias especies animales han desarrollado mutaciones genéticas inesperadas que desconciertan a la comunidad científica.
Desde lobos resistentes al cáncer hasta ranas con piel oscura como escudo natural, la fauna de Chernobyl se convirtió en un símbolo de adaptación extrema.
Lo que antes era una zona condenada al silencio, hoy es un laboratorio natural donde la evolución avanza a un ritmo acelerado y ofrece pistas valiosas para la medicina y la biología del futuro.
Científicos descubrieron que los lobos y perros que habitan la zona de exclusión de Chernobyl desarrollaron mutaciones genéticas que los hacen más resistentes a la radiación y al cáncer, según estudios de la Universidad de Princeton. Estos animales viven expuestos a niveles extremos de radiación, pero presentan sistemas inmunológicos alterados que los protegen como si estuvieran recibiendo tratamientos médicos.
Los perros también mostraron perfiles genéticos únicos, según un estudio del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (NHGRI). Estas mutaciones, nunca antes vistas en otras poblaciones, podrían ayudar a la ciencia a entender cómo resistir enfermedades como el cáncer en humanos.
Las ranas en Chernobyl tienen una piel más oscura, una adaptación que podría ayudarlas a bloquear la radiación, según investigadores del CSIC y la Universidad de Oviedo. A su vez, las aves desarrollaron mayores niveles de antioxidantes en sangre, lo que reduce el daño celular causado por el entorno radiactivo.
En los insectos también se observaron comportamientos extraños como por ejemplo, algunas arañas construyen telarañas deformes y caóticas, algo documentado por National Geographic. Además, hay casos de deformidades físicas, como insectos con ojos faltantes o alas mal formadas.
Casi 40 años después del desastre, Chernobyl es ahora uno de los mayores laboratorios al aire libre del mundo. Allí, científicos estudian cómo la vida se adapta y evoluciona en un ambiente hostil obteniendo resultados que podrían usarse para desarrollar nuevas terapias contra enfermedades humanas.
Según la bióloga Cara Love, los genes encontrados en los lobos podrían abrir el camino para entender mejor cómo funciona la reparación del ADN y cómo se puede resistir el cáncer.
Fuente: cronista.com
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