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Ríos electrificados: la estrategia de Estados Unidos para frenar la invasión de la carpa asiática

La carpa asiática se ha convertido en uno de los mayores problemas ambientales en Estados Unidos, al punto de que el país ha comenzado a electrificar partes de sus ríos para impedir que esta especie invasora siga expandiéndose.

Aunque suene a ciencia ficción, en varios puntos estratégicos del país existen barreras eléctricas bajo el agua diseñadas para ahuyentar a estos peces y evitar que invadan nuevos ecosistemas. El objetivo no es matarlos, sino crear un campo eléctrico que resulte incómodo y los obligue a retroceder.

Este sistema forma parte de una estrategia más amplia que incluye burbujas, sonidos submarinos y otras infraestructuras diseñadas para frenar el avance de la carpa asiática, una especie que se reproduce rápidamente, consume grandes cantidades de alimento y desplaza a peces nativos.

Carpa asiática: de solución ecológica a problema nacional

La historia de la carpa asiática comenzó en el siglo XX, cuando fue introducida en Estados Unidos con un propósito aparentemente positivo: ayudar a controlar algas y mejorar la calidad del agua en instalaciones acuícolas.

Durante un tiempo cumplió su función, pero la situación cambió cuando estos peces escaparon a ríos conectados con el sistema del Mississippi. A partir de ese momento comenzaron a expandirse con rapidez.

El problema es que la especie compite de forma agresiva por los recursos. Donde aparece, consume grandes cantidades de alimento y altera la cadena alimentaria, afectando a peces nativos y a las actividades económicas relacionadas con la pesca recreativa y el turismo.

Por eso, las autoridades temen especialmente que la carpa asiática alcance los Grandes Lagos, un sistema de agua dulce fundamental para la biodiversidad y la economía de la región.

Barreras eléctricas y tecnología para detener la invasión

El punto más crítico en esta lucha es el Chicago Sanitary and Ship Canal, un canal artificial que conecta el sistema del Mississippi con los Grandes Lagos. Para evitar que la carpa lo atraviese, desde principios de los años 2000 se han instalado barreras eléctricas submarinas.

Estas estructuras generan un campo eléctrico que incomoda a los peces y les impide avanzar, creando una especie de frontera invisible bajo el agua.

Sin embargo, la defensa no depende solo de electricidad. También incluye cortinas de burbujas, sistemas acústicos que emiten sonidos molestos para los peces y compuertas con pantallas que bloquean rutas alternativas.

Aun con estas medidas, la amenaza continúa. En algunos puntos se ha detectado ADN ambiental de carpa asiática cerca de las barreras, lo que indica que la especie ha estado muy cerca de cruzar.

Por ahora, la estrategia no representa una victoria definitiva, sino una contención constante frente a una invasión biológica que podría transformar ecosistemas enteros si logra avanzar.

Con información de Gizmodo.

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