El fondo del Atlántico guarda una herencia ambiental que permaneció fuera de la vista durante décadas. Una expedición científica internacional estudió residuos radiactivos depositados en el Atlántico Nordeste para conocer su estado y posible interacción con los ecosistemas profundos.
La misión NODSSUM, liderada por el CNRS de Francia, regresó al océano entre mayo y junio de 2026. Cerca de 30 científicos participaron en esta segunda campaña a bordo del buque Pourquoi Pas?.
Residuos radiactivos bajo vigilancia científica
Los investigadores utilizaron el submarino tripulado Nautile para realizar 20 inmersiones a profundidades superiores a 4,700 metros. Allí observaron directamente varios contenedores y recolectaron muestras de agua, sedimentos, microorganismos y fauna.
Además, los científicos documentaron barriles con un avanzado deterioro. En algunos casos observaron materiales extendidos sobre el fondo marino y organismos como anémonas, esponjas y cangrejos colonizando las estructuras.
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Una contaminación que todavía debe estudiarse
La expedición analizó cinco zonas seleccionadas alrededor de los contenedores. Asimismo, detectó señales de radionúclidos cerca de algunos barriles deteriorados, aunque determinar su impacto ambiental requiere completar los análisis de laboratorio.
El proyecto también estudia cómo esas sustancias pueden desplazarse entre agua, sedimentos y organismos. De igual manera, busca comprender qué papel desempeñan los microorganismos en la movilización de elementos radiactivos.
Los resultados permitirán conocer mejor un ecosistema que décadas atrás se consideraba prácticamente vacío. Hoy, la ciencia sabe que las llanuras abisales mantienen comunidades biológicas incluso en condiciones extremas; Más de 200,000 barriles con residuos radiactivos fueron arrojados al Atlántico Nordeste durante varias décadas. La campaña de 2025 logró cartografiar cerca de 3,500, mientras las muestras obtenidas en 2026 ayudarán a medir su impacto real.