imagen tomada de periodicoencuesta.com
Los campesinos latinoamericanos, quienes producen gran parte de los alimentos que llegan a las ciudades, están librando una batalla silenciosa contra el cambio climático.
Sequías, lluvias extremas e inundaciones amenazan sus cosechas, y lo más preocupante es que están enfrentando esta crisis prácticamente solos.
Un nuevo informe de la Alianza Agricultura Familiar por la Acción Climática (FFCA) revela que se necesitan más de 26 mil millones de dólares al año para que los pequeños agricultores de América Latina puedan adaptarse al clima cambiante.
Sin embargo, el financiamiento actual está lejos de alcanzar esa cifra.
El estudio, elaborado por la consultora Climate Focus, muestra un panorama desigual. En total, la región requiere 26,270 millones de dólares anuales:
México y Centroamérica: 12,090 millones
Sudamérica: 12,950 millones
Caribe: 1,230 millones
Pero en 2021, los fondos reales que llegaron fueron mínimos: apenas el 1% de lo necesario.
Sudamérica recibió 0.21 mil millones, Centroamérica y México 0.07, y el Caribe solo 0.01.
Mientras tanto, los propios campesinos están cubriendo los costos de adaptación con sus propios ahorros: más de 368 mil millones de dólares al año para construir reservorios, comprar semillas resistentes o proteger sus suelos.
Y eso sin contar el trabajo no remunerado que dedican.
“El problema es que ese esfuerzo personal los deja en una posición muy frágil: se endeudan, agotan sus recursos y siguen siendo los más expuestos”, señala el informe.
Las pequeñas parcelas agrícolas, de hasta diez hectáreas, producen el 50% de las calorías que alimentan al mundo y sostienen los medios de vida de 2,500 millones de personas.
Sin embargo, solo el 0.36% del financiamiento climático global llega hasta ellas.
La FFCA —que representa a más de 95 millones de pequeños productores en 70 países— propone la creación de un “Fondo para Agricultores” que garantice que el dinero llegue directamente a quienes realmente producen los alimentos.
Invertir en estos agricultores, dice el informe, no es solo justicia climática, sino una estrategia económica inteligente: proteger al campo es proteger empleos, ingresos y la seguridad alimentaria.
Con la COP30 a la vuelta de la esquina, el llamado de la FFCA es claro: la adaptación debe dejar de ser la “hermana menor” de la mitigación.
El informe cierra con una frase que resume la urgencia:
“Apoyar a los campesinos no es solo ayudar al campo: es asegurar el futuro de la comida en un planeta cada vez más caliente.”
Con información de El Colombiano.
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