Ambiente

Zorros urbanos: ¿se están domesticando solos sin que lo notemos?

Los zorros urbanos están llamando la atención de científicos porque podrían estar cambiando más de lo que imaginamos: adaptándose a los humanos hasta parecer, poco a poco, animales domesticados.

Todo comenzó mucho antes. En 1959, en la Unión Soviética, los genetistas Dmitri Belyaev y Lyudmila Trut iniciaron un experimento con zorros rojos para comprobar si la domesticación podía transformar no solo su comportamiento, sino también su apariencia.

Seleccionaron ejemplares por su docilidad, y con el paso de las generaciones, los resultados fueron sorprendentes.

El experimento que cambió a los zorros

Después de unas 15 generaciones, los cambios eran evidentes.

Los zorros no solo se volvieron más amigables con los humanos, también desarrollaron características físicas distintas: orejas caídas, hocicos más cortos y pelaje diferente.

Uno de los casos más conocidos fue el de Pushinka, un zorro capaz de convivir con personas como si fuera una mascota.

El experimento continuó durante décadas, incluso tras la caída de la Unión Soviética, dando origen a una línea conocida como zorro domesticado ruso.

Zorros urbanos y una evolución inesperada

Hoy, la historia podría estarse repitiendo, pero sin intervención directa.

En varias ciudades europeas, los zorros han aprendido a vivir entre humanos, alimentándose de restos de comida y moviéndose por calles y parques.

Un estudio liderado por el biólogo Kevin Parsons analizó más de cien cráneos de zorros urbanos y rurales.

Los resultados mostraron diferencias claras: los zorros urbanos tienen hocicos más cortos, cabezas más anchas y cerebros más pequeños, rasgos asociados al llamado “síndrome de domesticación”.

Esto sugiere que la convivencia constante con humanos podría estar influyendo en su evolución, incluso sin un proceso de crianza controlado.

Sin embargo, esta cercanía también plantea retos. La presencia de zorros en ciudades puede alterar ecosistemas y aumentar riesgos sanitarios. Lo que parece una curiosidad científica también es una señal de cómo nuestra relación con la naturaleza sigue transformándose, incluso sin darnos cuenta.

Con información de Gizmodo.

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