Ambiente

Plantas de tratamiento de aguas residuales emiten el doble de gases de efecto invernadero de lo estimado

Las plantas de tratamiento de aguas residuales, esenciales para la salud pública, podrían ser responsables de mucho más daño climático del que se creía.

Investigadores de la Universidad de Princeton midieron directamente las emisiones de 96 instalaciones en Estados Unidos y descubrieron que estas plantas emiten casi el doble de gases de efecto invernadero de lo que estimaba la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

En concreto, las emisiones de metano fueron 2,4 veces mayores y las de óxido nitroso 1,9 veces superiores a lo calculado.

Ambos gases son extremadamente potentes: el metano calienta 84 veces más que el CO₂ a 20 años, y el óxido nitroso 300 veces más, siendo el tercer gas más relevante para el cambio climático.

El tratamiento de aguas residuales es un problema concentrado y solucionable

El estudio reveló que solo unas pocas plantas generan la mayor parte del problema, lo que abre una oportunidad clara: intervenir en estas instalaciones podría reducir rápidamente la huella climática del sector.

Muchas plantas son antiguas, de los años 70, y combinan tecnologías diversas que dificultan el control de emisiones.

Hasta ahora, estas emisiones pasaban desapercibidas porque las mediciones oficiales se basaban en modelos y laboratorios.

El equipo de Princeton, en cambio, midió directamente los gases en el entorno de las plantas, recorriendo más de 83.000 km y detectando emisiones fugitivas de tanques de aireación, lagunas de digestión y otras áreas críticas.

De fuente de contaminación a generadora de energía

El metano capturado puede convertirse en biogás, que a su vez genera electricidad o calor renovable.

Mejorar digestores anaerobios y aplicar tecnologías de captura permite transformar las plantas de tratamiento en microcentros de energía limpia, reduciendo al mismo tiempo su impacto climático.

Proyectos como el European Green Deal y nuevas regulaciones en países como Alemania y Francia apuntan a controlar estas emisiones no-CO₂, ofreciendo incentivos y fondos verdes para modernizar las instalaciones.

En resumen, estas plantas de tratamiento de aguas residuales son un actor silencioso en el cambio climático, pero con soluciones claras: medición precisa, innovación tecnológica y políticas adecuadas pueden convertir un problema en una oportunidad para el planeta.

Con información de Ecoinventos.

Regina Yebra Domínguez

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