Ambiente

Modificando especies: los bebederos están cambiando a los colibríes

Lo que comenzó como un gesto amable para atraer aves a los jardines está teniendo consecuencias inesperadas. La instalación de bebederos artificiales con agua y azúcar está influyendo directamente en la evolución de los colibríes, obligando a una de sus especies más conocidas a cambiar su anatomía en tiempo récord.

El protagonista de esta historia es el colibrí de Ana (Calypte anna), un ave emblemática de la costa oeste de Estados Unidos, famosa por los tonos rojizos y violetas que brillan en su cabeza.

Su belleza ha conquistado patios y jardines, pero también ha encendido las alertas de la comunidad científica.

La evolución de los colibríes, acelerada por la mano humana

Un estudio publicado en la revista Global Change Biology por investigadores de la Universidad de Berkeley advierte que la interacción constante con bebederos artificiales está modificando la morfología de estos colibríes.

Los científicos detectaron cambios claros en apenas unas décadas, algo sorprendente en términos evolutivos.

El acceso permanente a alimento fácil ha alterado las reglas de la selección natural.

Las aves con ciertos rasgos físicos tienen más posibilidades de alimentarse y reproducirse, lo que ha permitido que el colibrí de Ana se expanda hacia territorios donde antes no lograba sobrevivir sin ayuda humana.

Un pico distinto y un impacto que va más allá

El cambio más evidente se observa en el pico. Ahora es más largo y afilado.

Según los investigadores, el alargamiento se relaciona con el diseño de los bebederos de plástico, mientras que la forma puntiaguda podría estar ligada a una mayor agresividad al defender estos puntos de comida.

Lo que más ha llamado la atención es la velocidad del proceso: estas transformaciones se consolidaron en solo diez generaciones, un lapso extremadamente corto desde la perspectiva de la evolución.

Aunque el crecimiento del colibrí de Ana podría parecer una buena noticia, tiene un lado oscuro. Otras especies de colibríes, menos adaptables a estos cambios, están viendo reducidas sus poblaciones.

El éxito de una especie está provocando el desplazamiento de otras.

Este caso es una prueba clara de cómo incluso las acciones bien intencionadas pueden tener efectos profundos en la naturaleza.

La evolución ya no ocurre solo en escalas de miles de años: hoy, en pleno Antropoceno, estamos siendo testigos de ella en tiempo real.

Con información de National Geographic.
Regina Yebra Domínguez

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