imagen tomada de wikipedia.org
Las abejas cumplen un papel esencial en la polinización de cultivos y plantas silvestres, pero hoy enfrentan múltiples presiones ambientales.
Un nuevo estudio científico encendió las alertas al mostrar que el aumento de la temperatura en las abejas puede modificar su comportamiento, especialmente en las especies productoras de miel.
La investigación, realizada por expertos de Monash University en Australia, analizó cómo el calor y la urbanización influyen en distintas especies de abejas, y concluyó que el impacto del calor es más significativo de lo que se pensaba.
El trabajo, publicado en el Journal of Insect Physiology, se centró en la abeja melífera europea (Apis mellifera) y en abejas nativas australianas del género Lasioglossum. Los investigadores evaluaron cómo respondían a estímulos luminosos bajo distintas temperaturas y en ambientes urbanos y naturales de Melbourne y sus alrededores.
Durante los experimentos, las abejas fueron expuestas a luz ultravioleta (clave desde el punto de vista ecológico) y a luz blanca artificial, a temperaturas de 28 °C y 32 °C.
Los resultados fueron claros: solo la abeja melífera europea mostró una reducción en su atracción a la luz cuando aumentó la temperatura, reaccionando de forma más lenta bajo calor intenso.
En contraste, las abejas nativas australianas mantuvieron su comportamiento habitual, sin cambios notables, incluso a temperaturas más altas.
Tampoco se observaron diferencias relevantes entre ejemplares de zonas urbanas y naturales, ni entre los distintos tipos de iluminación.
La atracción a la luz es clave para la orientación de las abejas.
Les permite desplazarse, identificar flores, recolectar néctar y regresar a sus nidos. Cuando este comportamiento se altera, la eficiencia en la búsqueda de alimento y la coordinación dentro de la colonia puede disminuir.
Según los investigadores, el estrés térmico podría interferir en los procesos neurológicos y sensoriales de la abeja melífera europea.
Aunque el estudio se enfocó en la respuesta a la luz, advierten que efectos similares podrían presentarse en otras conductas fundamentales, como la navegación, la comunicación entre individuos y la recolección de polen.
La Dra. Scarlett Howard, líder del estudio, explicó que estos resultados muestran la complejidad de cómo interactúan distintos factores ambientales en los polinizadores. En un contexto de calentamiento global y ciudades cada vez más cálidas por el efecto de “isla de calor”, estas alteraciones podrían impactar directamente en la polinización y la producción agrícola.
Los autores destacan que la resiliencia observada en las abejas nativas ofrece pistas valiosas para diseñar estrategias de conservación más efectivas. Comprender qué especies son más sensibles al calor permitirá anticipar desequilibrios ecológicos y mejorar la planificación ambiental y urbana.
A largo plazo, integrar este tipo de hallazgos en políticas públicas y manejo de espacios verdes será clave para proteger la biodiversidad y garantizar la estabilidad de los sistemas alimentarios en un mundo cada vez más cálido.
Con información de Infobae.
Un antártica verde parece una contradicción, pero durante la mayor parte de su historia fue…
Greenwashing es el término que vuelve a encender el debate ambiental tras un estudio que…
Una harina de calabaza es el innovador proyecto que estudiantes universitarios de Meoqui están desarrollando…
La Biznaga Burra podría desaparecer en menos de 40 años, y la razón no es…
Andrea Izquierdo se ha convertido en uno de los nombres más relevantes a nivel global…
El calor extremo ya no es solo una incomodidad climática: se está convirtiendo en una…