imagen tomada de sonoranjv.org
Los pastizales son ecosistemas clave para la biodiversidad y el clima del planeta, ya que funcionan como un “bosque invertido” donde gran parte del carbono se encuentra bajo tierra y no en la vegetación visible.
A diferencia de muchos bosques, en los pastizales el carbono se almacena principalmente en las raíces profundas y en la materia orgánica del suelo. Estas raíces pueden extenderse más de un metro bajo la superficie, dependiendo de la especie de planta y del tipo de suelo. Si estos ecosistemas se degradan o desaparecen, una parte importante de ese carbono podría liberarse a la atmósfera en forma de dióxido de carbono, contribuyendo al calentamiento global.
Además, los pastizales han sido durante siglos el hogar de numerosas especies de plantas, insectos, aves y mamíferos, ya que ofrecen alimento, refugio y espacios para reproducirse.
En muchas regiones donde predominan los pastizales, las lluvias son escasas o variables. Sin embargo, las raíces densas de los pastos mejoran la estructura del suelo, favorecen la infiltración del agua y ayudan a retener la humedad.
Más que almacenar agua directamente, estas raíces permiten que el suelo funcione como una especie de esponja natural. Gracias a ello, la vegetación puede rebrotar incluso después de periodos de sequía.
No obstante, estos ecosistemas enfrentan amenazas como el sobrepastoreo, que ocurre cuando el número de animales supera la capacidad de recuperación del terreno. Cuando esto sucede, disminuye la cobertura vegetal, el suelo se compacta y la biodiversidad se reduce.
Con menos plantas, también disminuye la actividad biológica del suelo, afectando microorganismos e insectos que cumplen funciones esenciales en el equilibrio del ecosistema. Esto reduce la infiltración del agua, aumenta la erosión y eleva la temperatura del suelo y del aire cercano.
En México, los pastizales naturales cubren aproximadamente entre el 6 y el 10 por ciento del territorio nacional, principalmente en el norte y en zonas del altiplano.
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, como el ecólogo Gerardo Ceballos, han impulsado proyectos de restauración en la Reserva de la Biósfera de Janos, en Chihuahua.
Entre las acciones destaca la reintroducción del Bisonte americano, una especie que desapareció de la región en el siglo XIX. Su pastoreo ayuda a mantener la diversidad del pastizal y favorece el crecimiento de nuevas plantas.
También se han fortalecido poblaciones de Perrito de la pradera, roedores que modifican el suelo al excavar madrigueras, lo que mejora la infiltración de agua y crea refugios para otras especies, como el Búho llanero.
Estas acciones muestran que conservar los pastizales no solo protege a la fauna, sino que también ayuda a mantener ecosistemas más resistentes frente al cambio climático.
Con información de UNAM Global.
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