imagen tomada de kchcomunicacion.com
Los alerces milenarios del sur de Chile no solo destacan por su impresionante tamaño y longevidad, también esconden un secreto bajo tierra: una enorme diversidad de hongos que mantiene vivos y saludables a los bosques donde crecen.
Una investigación internacional publicada en la revista Biodiversity and Conservation reveló que los árboles más antiguos de esta especie pueden albergar cientos de especies de hongos subterráneos, muchas de ellas posiblemente desconocidas para la ciencia.
Estos bosques se encuentran en la Cordillera de la Costa, donde conviven múltiples especies de plantas y animales. Entre ellas sobresalen los alerces (Fitzroya cupressoides), coníferas gigantes capaces de vivir más de 3.600 años y cuyos troncos pueden alcanzar dimensiones enormes.
El estudio analizó muestras de suelo tomadas en el Parque Nacional Alerce Costero, donde los científicos examinaron árboles de diferentes edades, desde ejemplares jóvenes hasta el famoso “Alerce Abuelo”, con más de 2.400 años de antigüedad.
Los resultados fueron sorprendentes. El árbol más antiguo presentó más del doble de diversidad fúngica en comparación con ejemplares más pequeños. En sus raíces se encontraron incluso más de 300 especies de hongos únicas.
Muchos de estos organismos pertenecen a los llamados hongos micorrízicos, que cumplen una función vital en los ecosistemas forestales. Estos hongos se conectan con las raíces de los árboles y ayudan a transportar agua y nutrientes, además de proteger a las plantas frente a sequías o enfermedades.
También desempeñan un papel clave en el almacenamiento de carbono. A nivel global, las comunidades de estos hongos pueden trasladar cerca de mil millones de toneladas de carbono al año hacia los suelos del planeta.
La investigación fue realizada por científicos de varias instituciones, entre ellas la Fundación Fungi y la organización Society for the Protection of Underground Networks. Para identificar las especies presentes en el suelo, los expertos analizaron el ADN de las muestras recolectadas.
Según la investigadora Camille Truong, eliminar un árbol milenario puede tener consecuencias mucho mayores que cortar uno joven. Estos gigantes funcionan como un “paraguas” que protege a toda una comunidad subterránea de organismos que tardó miles de años en formarse.
Hoy estos bosques enfrentan amenazas como el cambio climático, el desarrollo de infraestructuras y los cambios en el uso del suelo.
La pérdida de los alerces más antiguos no solo implicaría la desaparición de árboles extraordinarios, sino también de una compleja red de vida invisible que sostiene la salud del bosque.
Con información de Ladera Sur.
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