El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca volvió a sacudir el tablero climático mundial. Su postura negacionista frente al cambio climático y sus primeras decisiones como el retiro del Acuerdo de París y el desmantelamiento de estructuras científicas, encendieron de nuevo las alarmas. Ahora, su interés por controlar el petróleo venezolano ha generado inquietud entre científicos, ambientalistas y expertos en energía.
A escala global, cerca del 70 % de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen del gas, el carbón y el petróleo.
En ese contexto, cualquier expansión de la industria petrolera representa una mala noticia para el clima, y más aún cuando se trata de uno de los crudos más contaminantes del mundo.
Petróleo venezolano: reservas enormes, impacto climático mayor
Venezuela concentra alrededor del 17 % de las reservas probadas de petróleo a nivel mundial.
Sin embargo, gran parte de ese recurso se encuentra en la Faja Petrolífera del Orinoco y corresponde a crudo pesado y extrapesado, que requiere más energía para extraerse y procesarse, y por lo tanto genera más emisiones.
Además, este petróleo debe ser transportado hasta refinerías en la Costa del Golfo de Estados Unidos para poder ser utilizado, lo que incrementa su huella ambiental. Según Patrick Galey, investigador de Global Witness, las acciones de la administración Trump en Venezuela tendrán “implicaciones desmesuradas” para un planeta que ya enfrenta un calentamiento acelerado.
Actualmente, la producción venezolana está lejos de su auge.
Para noviembre de 2025, el país producía 934 mil barriles diarios, muy por debajo de los 3.4 millones que alcanzó en los años noventa.
Recuperar esos niveles requeriría inversiones mucho mayores a las anunciadas, incluso considerando los 100 mil millones de dólares que Trump asegura que podrían aportar petroleras estadounidenses.
Derrames, metano y una infraestructura deteriorada
El problema no es solo cuánto petróleo se extrae, sino cómo.
En los últimos años, Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha registrado miles de incidentes ambientales.
Entre 2010 y 2016 se contabilizaron más de 46 mil derrames, de acuerdo con datos de la ONG Provea.
A esto se suma la quema de gas sin aprovechamiento, lo que libera grandes cantidades de metano, un gas que atrapa hasta 80 veces más calor que el dióxido de carbono a corto plazo. Un estudio reciente ubicó a Venezuela como el país sudamericano con mayor proporción de emisiones de metano por unidad de petróleo y gas, debido al mal estado de su infraestructura.
Aunque algunos expertos señalan que la llegada de empresas privadas con mayor transparencia y tecnología moderna podría reducir parte del daño ambiental, el escenario general sigue siendo preocupante.
Cualquier aumento significativo de la producción petrolera implicaría más emisiones y un retroceso en los esfuerzos climáticos globales.
En medio de la crisis climática, la búsqueda de más petróleo parece una contradicción peligrosa. Para especialistas como el investigador Luca Ferrari, de la UNAM, el futuro de la región no está en profundizar el extractivismo, sino en avanzar hacia una transición energética justa, soberana y alineada con los límites del planeta.
Con información de El País.