Las aguas tranquilas de Quintana Roo todavía ofrecen refugio a uno de los mamíferos más representativos del Caribe mexicano. Sin embargo, la supervivencia del manatí depende de conservar humedales, manglares, lagunas y rutas naturales cada vez más expuestas a la actividad humana.
Investigaciones de El Colegio de la Frontera Sur estiman que hasta 250 manatíes podrían habitar las costas del estado. Durante un monitoreo aéreo, especialistas identificaron 150 ejemplares, aunque otros animales pudieron permanecer ocultos bajo el agua.
Un refugio esencial para el manatí del Caribe
La Bahía de Chetumal y el río Hondo figuran entre las zonas más importantes para la alimentación, reproducción y movilidad de la especie. Estos espacios también mantienen conexiones ecológicas con cuerpos de agua ubicados en Belice.
El manatí del Caribe busca aguas poco profundas con abundante vegetación acuática. Por ello, cualquier alteración de los ecosistemas costeros puede limitar su acceso al alimento, fragmentar sus recorridos o afectar los lugares donde encuentra protección.
Entre las principales amenazas aparecen las colisiones con embarcaciones, la captura accidental en redes de pesca y la contaminación. Asimismo, el crecimiento urbano, el turismo y la transformación de manglares aumentan la presión sobre su hábitat.
Lee también: México recupera una especie clave para sus ecosistemas
Una recuperación lenta frente a riesgos crecientes
La reproducción del manatí avanza lentamente. Las hembras atraviesan una gestación aproximada de 12 a 15 meses y generalmente tienen una sola cría. La pérdida de un ejemplar adulto puede afectar durante años la recuperación de la población.
Además, México clasifica al manatí de las Antillas como una especie en peligro de extinción. Su protección requiere vigilancia constante, navegación responsable, monitoreo científico y atención oportuna ante ejemplares heridos o varados.
La educación ambiental también puede transformar la relación entre las comunidades y esta especie. Reducir la velocidad de las embarcaciones, respetar las áreas protegidas y evitar la contaminación ayuda a disminuir amenazas directas.