La agricultura familiar campesina desempeña una función esencial en la producción de alimentos, el empleo rural y la economía de numerosas comunidades de Chile. Sus actividades incluyen cultivos, ganadería, fruticultura, elaboración de alimentos, floricultura y apicultura.
Sin embargo, el aumento de las temperaturas, la falta de agua y las precipitaciones intensas amenazan su estabilidad. Una cosecha perdida no solamente reduce los ingresos de una temporada, también limita los recursos disponibles para comenzar el siguiente ciclo productivo.
La situación puede afectar la seguridad alimentaria, ya que los pequeños productores suelen tener menor capacidad financiera para recuperarse. Por ello, la adaptación climática se ha convertido en una necesidad para conservar la producción y proteger las economías rurales.
Menos lluvia y temperaturas más elevadas
Durante 2025, Chile registró una temperatura media nacional de 13.6 grados Celsius, con una anomalía de 1.17 grados frente al periodo de referencia. Las precipitaciones presentaron un déficit de 26.2% y la mayoría de las estaciones analizadas reportó lluvias inferiores a lo normal.
Estas condiciones aumentan la presión sobre las reservas de agua y los sistemas de riego. Aunque el fenómeno de El Niño puede provocar lluvias abundantes durante periodos breves, los especialistas advierten que esos episodios no representan el final de la prolongada sequía que afecta al país.
Las precipitaciones intensas y el granizo también pueden dañar los cultivos durante etapas delicadas. La caída de flores y frutos, la aparición de hongos y las afectaciones a la calidad comercial pueden generar importantes pérdidas para las familias productoras.
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Adaptarse para proteger los alimentos y el campo
La tecnificación del riego puede ayudar a utilizar el agua de una manera más eficiente. También resultan importantes el cuidado del suelo, la selección de variedades adecuadas y el acceso oportuno a información meteorológica para organizar las labores agrícolas.
La capacitación tecnológica debe acompañarse con asesoría y colaboración territorial. Las asociaciones de agricultores y los grupos de transferencia permiten compartir conocimientos, acceder a nuevas herramientas y encontrar mejores oportunidades para comercializar la producción.