El aprovechamiento de residuos puede ayudar a reducir la contaminación y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos para las comunidades rurales. Con ese propósito se presentaron dos retos de innovación social en Domingo Arenas, Puebla, enfocados en materiales orgánicos y reciclables.
La iniciativa, promovida por Ayuda en Acción y FEMSA junto con OXXO y Coca-Cola FEMSA, busca encontrar soluciones adaptadas a las condiciones del municipio. El objetivo es que los residuos agrícolas, los restos de comida y distintos materiales recuperables dejen de considerarse basura.
Las propuestas pueden integrar tecnologías accesibles, herramientas digitales, equipos de bajo costo, programas educativos y modelos comunitarios. De esta manera, el conocimiento de los habitantes puede combinarse con nuevas ideas para construir una economía circular desde el ámbito local.
Residuos orgánicos pueden regresar al ciclo productivo
El primer reto plantea organizar un sistema para separar, recolectar, transformar y aprovechar fruta descartada, restos de poda, rastrojos agrícolas y desperdicios de alimentos. La coordinación incluiría a productores, familias, escuelas, comercios, organizaciones y autoridades.
Domingo Arenas cuenta con cerca de ocho mil habitantes y una economía estrechamente relacionada con la agricultura familiar. Sus más de 1,500 hectáreas sembradas producen cultivos como tejocote, capulín, durazno, manzana, maíz criollo y hortalizas de traspatio.
En la comunidad ya se elaboran composta y lombricomposta, además de utilizar algunos residuos para alimentar animales o devolver nutrientes al suelo. Sin embargo, todavía hace falta conectar estas prácticas mediante infraestructura y procesos colectivos que permitan ampliar sus beneficios.
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El reciclaje necesita una red comunitaria
El segundo desafío se concentra en materiales como PET, otros plásticos, cartón, papel, aluminio, vidrio y unicel. La intención es relacionar a quienes generan estos residuos con centros de acopio, recicladores, empresas receptoras y posibles compradores.
Entre las principales dificultades están la separación insuficiente, la falta de espacio para almacenar materiales y los costos de transporte. Una organización comunitaria más eficiente permitiría reunir cantidades aprovechables y evitar que los residuos terminen en calles, suelos o cuerpos de agua.
Cada reto contempla una retribución total de 1,800 euros para las soluciones seleccionadas. Más allá del incentivo, el proyecto busca crear modelos que puedan mantenerse, adaptarse y replicarse en otras comunidades rurales con necesidades similares.