Restauración de una pradera marina degradada en Tenerife
Pradera marina de Tenerife inicia una restauración pionera

Pradera marina de Tenerife inicia una restauración pionera

Una pradera marina degradada de Tenerife comenzó a recibir plantas de Cymodocea nodosa cultivadas en laboratorio como parte de un proyecto que busca recuperar los fondos marinos de Canarias. Innoceana y el Cabildo de Tenerife realizaron la primera plantación de este tipo en Abades, al sureste de la isla.

Las plántulas proceden de semillas recolectadas manualmente en El Médano y La Jaquita. La extracción se distribuyó entre diferentes zonas para evitar daños a la capacidad natural de regeneración de los sebadales originales.

La iniciativa adquiere especial relevancia ante el deterioro de estos ecosistemas. Aproximadamente la mitad de los sebadales de Canarias ha desaparecido en los últimos 25 años, según Innoceana.

Una pradera marina cultivada en laboratorio vuelve al océano

Las semillas permanecieron durante varios meses en el laboratorio de Innoceana, donde germinaron con la colaboración del Grupo de Fisiología y Biotecnología de Vegetales Marinos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Posteriormente, los responsables colocaron las plantas a profundidades de entre 8 y 12 metros. Las distribuyeron en agrupaciones y utilizaron sistemas biodegradables para fijarlas en una zona donde el sebadal había perdido densidad.

El equipo realizará un seguimiento durante al menos tres años para determinar si la técnica consigue recuperar los parches degradados. El proyecto Jardineros del Mar también plantea crear una red de viveros en Canarias para producir plantas destinadas a otras zonas afectadas.

Los sebadales cumplen funciones esenciales: capturan carbono, producen oxígeno, estabilizan los fondos marinos y ofrecen refugio, alimento y áreas de reproducción para numerosas especies.

Restaurar no basta si continúa el deterioro costero

Carlos Mallo, fundador de Innoceana, advierte que recuperar plantas resulta insuficiente mientras persistan las causas de su desaparición. Las aguas residuales, los contaminantes, las obras costeras, el exceso de sedimentos y las anclas de embarcaciones continúan dañando estos ecosistemas.

La organización propone mejorar el saneamiento, evitar vertidos, ordenar el crecimiento urbanístico en el litoral y desarrollar sistemas de fondeo ecológico que impidan arrancar las plantas.

Mallo también cuestiona el impacto del actual modelo turístico de Canarias sobre los ecosistemas costeros. Defiende reducir su presión ambiental y replantear infraestructuras que ya no respondan a un desarrollo compatible con la conservación.

La plantación de Tenerife abre una nueva vía para recuperar los sebadales, pero el proyecto parte de una premisa más amplia: restaurar los fondos dañados debe ir acompañado de medidas que impidan continuar degradándolos.

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