imagen tomada de costasalvaje.org
Un nuevo enfoque científico promete cambiar la forma en que se vigila la salud de los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta. Investigadores del Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI) y la Universidad de las Islas Vírgenes proponen un método innovador que analiza los microbios presentes en el agua del mar para detectar enfermedades coralinas de manera temprana y sin intervención directa.
El estudio, publicado en Cell Reports, señala que el microbioma marino puede funcionar como un sistema de alerta temprana ante los efectos del cambio climático, fortaleciendo la protección de estos ecosistemas clave para la vida marina y humana.
Los arrecifes de coral destacan por su enorme biodiversidad y por sostener las cadenas alimentarias marinas, desde los organismos más pequeños hasta grandes especies. Sin embargo, el aumento sostenido de la temperatura del mar ha intensificado el blanqueamiento coralino, un fenómeno que pone en peligro su supervivencia.
Este proceso ocurre cuando el calor rompe la relación entre los corales y las zooxantelas, algas esenciales para su salud. Al expulsarlas, el coral pierde color, energía y resistencia. Aunque algunos logran recuperarse, muchos mueren y otros sobreviven con sistemas inmunitarios debilitados.
Según la ONU, aunque los arrecifes ocupan solo el 0,5% del fondo marino, su estructura tridimensional formada durante miles de años, es vital tanto para la biodiversidad como para millones de personas que dependen de ellos.
Hasta ahora, la detección de enfermedades dependía de observaciones visuales realizadas por buceadores, un método que solo identifica problemas cuando el daño ya es evidente. Esto retrasa la respuesta y limita las posibilidades de recuperación.
La nueva propuesta cambia el enfoque: en lugar de observar directamente al coral, los científicos analizan el agua que lo rodea. Entre 2020 y 2024, el equipo estudió colonias de coral cerebro en arrecifes cercanos a St. John, en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Mediante muestreos regulares y secuenciación genética avanzada, compararon los microbios del tejido coralino con los del agua adyacente.
Los resultados fueron claros: mientras los microbios del coral podían variar incluso en ejemplares sanos, los del agua se mantenían estables alrededor de corales saludables y se alteraban notablemente cuando aparecía una enfermedad. Esto convierte al microbioma marino en un indicador sensible y fiable.
La investigadora Jeanne Bloomberg explicó que el agua que rodea al coral “puede decirnos mucho, incluso cuándo está enfermo”, ya que los microbios reaccionan al material liberado por corales afectados, especialmente durante brotes severos.
Uno de los mayores desafíos actuales es la enfermedad de pérdida de tejido de los corales pétreos, considerada la más destructiva del Caribe en la última década. Aunque existen tratamientos para frenar su avance en casos específicos, el patógeno responsable aún no ha sido identificado.
Expertos coinciden en que contar con sistemas de diagnóstico temprano, basados en el análisis del microbioma marino, podría marcar la diferencia. Además, la técnica es no destructiva y puede integrarse en sistemas automatizados de monitoreo, permitiendo actuar antes de que los daños sean irreversibles.
Los arrecifes de coral sostienen más de una cuarta parte de la vida marina global y son esenciales para cerca de mil millones de personas. Ante su deterioro acelerado, este método representa una esperanza concreta para una protección más eficaz y sostenible.
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