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De adolescente a innovadora: crea sistema solar que convierte agua sucia en potable

A los 15 años, una joven decidió enfrentar uno de los problemas más urgentes del mundo: la falta de agua potable.

La científica brasileña Anna Luísa Beserra Santos desarrolló Aqualuz, un dispositivo que utiliza la radiación solar para eliminar microorganismos del agua de lluvia sin necesidad de químicos ni filtros complejos.

Su motivación nació al observar que millones de personas en Brasil no tienen acceso seguro al agua.

Según explicó a la UNESCO, su meta era crear una solución sencilla, replicable y accesible para que las comunidades pudieran gestionar su propio suministro.

El sistema es sostenible, económico y puede durar hasta 20 años. Actualmente funciona en zonas rurales del país, beneficiando a más de 10 mil personas y alcanzando a 40 mil solo durante 2024.

Tecnología solar para garantizar agua potable

Aqualuz aprovecha la energía del sol para desinfectar el agua de lluvia, ofreciendo una alternativa duradera frente a métodos temporales de filtración. Pero para Beserra, la innovación tecnológica no basta por sí sola.

La joven científica destaca que trabajar directamente con las comunidades es fundamental.

Conocer a las familias que enfrentan la escasez de agua, asegura, transformó su manera de diseñar soluciones. Por ello, su proyecto incluye la capacitación de técnicos locales que se encargan de instalar y supervisar los sistemas, convirtiendo cada implementación en un esfuerzo colectivo.

Más proyectos para combatir la escasez de agua

Además de Aqualuz, Beserra ha desarrollado otras tecnologías basadas en energía solar.

Entre ellas están Aquasalina, que desaliniza agua; Aquafilter, pensado para comunidades de hasta 100 personas; y Aquatorre, diseñado para escuelas y zonas sin infraestructura hídrica.

Su objetivo ahora es llevar estas soluciones a otras regiones del mundo, como Latinoamérica, África y Asia, para ampliar el acceso al agua segura y fortalecer la autonomía de las comunidades.

La historia de Beserra demuestra que la innovación no siempre necesita grandes laboratorios: a veces comienza con una idea clara y la decisión de hacerla realidad.

Con información de AS.

Regina Yebra Domínguez

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