Humanidad

La mujer que convirtió su pasión en ciencia: María Eugenia Díaz Batres y su legado de 55 mil insectos

La historia de María Eugenia Díaz Batres es también la historia de una vocación que desafió prejuicios, fronteras familiares y el paso del tiempo. Hace más de medio siglo decidió estudiar biología y, desde entonces, ha dedicado su vida a investigar insectos, reunir ejemplares y preservar conocimiento científico.

Hoy resguarda una colección que supera los 55 mil insectos en el Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental, uno de los acervos más valiosos en su tipo.

María Eugenia Díaz Batres y su camino en la ciencia

Su interés por la naturaleza comenzó cuando era joven y se sumó a expediciones en la Sierra de Guerrero.

Más tarde estudió en el Instituto Politécnico Nacional, donde encontró inspiración en maestros y colegas que la impulsaron a dedicarse a la investigación científica.

Aunque recuerda que en su época no era común ver mujeres en el campo científico, asegura que siempre encontró respeto entre sus compañeros. El verdadero reto, explica, fue convencer a su familia de que su futuro estaba en la investigación y no en el camino tradicional que esperaban para ella.

María Eugenia Díaz Batres y el valor de su colección

Desde 1967 trabaja en el museo, donde prepara, clasifica y conserva insectos recolectados por ella y por otros investigadores.

Su colección incluye piezas históricas y ejemplares únicos, resultado de décadas de trabajo en campo y laboratorio.

Entre sus investigaciones destaca el estudio de la mariposa del madroño, especie endémica de México que le permitió profundizar en el comportamiento, reproducción y ecosistema de estos insectos. Incluso, un escarabajo descubierto durante esas investigaciones fue nombrado en su honor.

La bióloga advierte que, a diferencia de su juventud, hoy la inseguridad representa un obstáculo importante para quienes realizan trabajo de campo. Sin embargo, celebra que cada vez más mujeres se integran a las ciencias y que existen más oportunidades académicas.

Madre, docente e investigadora, Díaz Batres afirma que una de sus mayores satisfacciones es ver el asombro de los niños que visitan el museo y descubren el mundo de los insectos. Para ella, ese contacto con la naturaleza puede marcar el inicio de una vocación científica.

“Si volviera a nacer, volvería a elegir ser bióloga”, asegura, convencida de que la ciencia no solo explica la vida, también inspira a cuidarla.

Con información de La Prensa.

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