Cachalote y la fuerza de sus embestidas
Un cachalote puede generar una fuerza suficiente para dañar gravemente una embarcación al embestirla con su cabeza. Nuevas observaciones científicas ayudan a explicar este comportamiento, que durante siglos permaneció rodeado de interrogantes y que protagonizó uno de los naufragios más famosos de la historia.
El 20 de noviembre de 1820, un enorme ejemplar atacó dos veces al ballenero Essex, provocando su hundimiento en el océano Pacífico. La tragedia inspiró posteriormente la novela Moby Dick, de Herman Melville.
Más de dos siglos después, investigadores han documentado enfrentamientos entre estos cetáceos y calculado la potencia de sus impactos, aportando nuevas evidencias sobre una capacidad que los antiguos balleneros ya sospechaban.
La cabeza de estos mamíferos representa aproximadamente un tercio de su longitud corporal y alberga el órgano del espermaceti, una estructura llena de una sustancia aceitosa que los balleneros explotaban para fabricar velas y otros productos.
El biólogo evolutivo Dave Carrier planteó en 2002 que esta región podría funcionar como un arma durante los enfrentamientos entre machos, una hipótesis que el primer oficial del Essex, Owen Chase, había sugerido mucho antes.
Un estudio de 2015 también señaló que la estructura craneal podría amortiguar los golpes y reducir el riesgo de lesiones.
Recientemente, Alec Burslem, investigador de la Universidad de Hawái, grabó a varios ejemplares jóvenes embistiéndose cerca de las islas Baleares y las Azores.
En uno de los enfrentamientos, un macho juvenil alcanzó una velocidad de 4.5 metros por segundo y produjo un impacto estimado de 460 kilonewtons.
Los cálculos sugieren que un adulto podría generar aproximadamente 1,200 kilonewtons a esa misma velocidad, una fuerza comparable al impacto de un autobús en movimiento.
Los registros históricos documentan tres ataques de estos animales contra grandes barcos balleneros: el Essex en 1820, el Ann Alexander en 1851 y el Kathleen en 1902.
Sin embargo, las embestidas contra las pequeñas embarcaciones utilizadas durante la cacería eran más habituales.
El hundimiento del Essex tuvo consecuencias especialmente trágicas. Sus 20 tripulantes escaparon en tres botes y emprendieron una travesía desesperada hacia Sudamérica, a unos 3,700 kilómetros.
Durante más de tres meses enfrentaron hambre, sed y exposición al sol. Ante la falta de alimentos, algunos sobrevivientes recurrieron al canibalismo y, en uno de los botes, incluso sortearon quién sería sacrificado.
Tres marineros sobrevivieron tras permanecer en una isla deshabitada, mientras que solamente cinco de los 17 que continuaron navegando lograron regresar con vida.
La historia demuestra la enorme capacidad física del cachalote, aunque los investigadores todavía buscan comprender completamente la función de sus estructuras craneales y el papel de las embestidas en su comportamiento natural.
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