Ballenas sei regresan a la Patagonia argentina
Las ballenas sei protagonizan uno de los regresos más sorprendentes de la fauna marina en Argentina. Después de décadas de ausencia provocada por la caza comercial, esta especie volvió a las aguas de la Patagonia y ahora un equipo internacional de investigadores utiliza tecnología satelital para conocer sus rutas migratorias y reforzar su conservación.
El proyecto se desarrolla en el Golfo San Jorge, entre las provincias de Chubut y Santa Cruz. Allí, especialistas del CONICET, la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, la NOAA de Estados Unidos y Rewilding Argentina colocaron transmisores satelitales en varios ejemplares para seguir sus desplazamientos una vez que abandonan la costa argentina.
La ballena sei es considerada el tercer animal más grande del planeta, solo detrás de la ballena azul y la ballena de aleta. Durante los últimos quince años, su población mostró una recuperación notable en el Atlántico sudoccidental, convirtiendo al Golfo San Jorge en una de sus principales zonas de alimentación.
Gracias al seguimiento satelital, los científicos ya observaron que algunos ejemplares viajaron hasta aguas del sur de Brasil. Sin embargo, el mayor objetivo sigue siendo identificar con precisión los lugares donde esta especie se reproduce y comprender mejor su comportamiento migratorio. Esa información permitirá fortalecer futuras estrategias de conservación y evaluar nuevas áreas marinas protegidas.
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Además del valor científico, el regreso de las ballenas sei abre oportunidades para promover un turismo de naturaleza responsable en la Patagonia. Investigadores consideran que el conocimiento generado permitirá desarrollar actividades de avistamiento bajo criterios sostenibles, beneficiando tanto a las comunidades locales como a la protección de la especie.
Las labores de monitoreo también representan un desafío técnico. Colocar transmisores en animales que pueden superar los 18 metros de longitud exige maniobras precisas, condiciones climáticas favorables y la colaboración de navegantes con amplia experiencia en el mar patagónico. Cada nueva señal enviada por los dispositivos acerca a la comunidad científica a resolver uno de los grandes misterios del Atlántico Sur.
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