El sargazo alcanzó niveles extraordinarios en el Caribe durante 2026 y México busca cambiar la manera de enfrentar sus arribazones. La estrategia pretende recolectar una mayor cantidad en mar abierto y convertir la biomasa recuperada en materia prima para diferentes industrias.
La presión ya supera registros anteriores. En Quintana Roo se retiraron 92 mil 782 toneladas durante 2025, mientras que en 2026 la cantidad ya supera las 123 mil toneladas. El Gobierno mexicano confirmó además una estrategia nacional basada en investigación, recolección, manejo integral, regulación y aprovechamiento.
Sargazo obliga a reforzar la recolección en mar abierto
Evitar que la macroalga llegue a las playas se convirtió en una prioridad. Cuando se acumula y descompone en la costa, puede afectar ecosistemas, comunidades y actividades económicas vinculadas con el mar.
Por ello, el Gobierno destinó más de 2 mil millones de pesos para ampliar la infraestructura. La primera etapa contempla 768.7 millones de pesos y elevará la capacidad de recolección marina hasta mil 870 toneladas diarias. Posteriormente se proyecta alcanzar hasta 4 mil toneladas al día.
Además, el plan incluye nuevas embarcaciones, barreras de contención, sistemas de monitoreo y un muelle en Puerto Juárez. La intención es interceptar la biomasa antes de su llegada masiva a las costas.
De problema ambiental a materia prima industrial
La segunda parte de la estrategia busca aprovechar la macroalga después de recolectarla. En Puerto Morelos se impulsa un Polo de Desarrollo de Economía Circular capaz de procesar entre 600 y 4 mil toneladas diarias.
Actualmente se estudian procesos para transformarla en biofertilizantes, biocombustibles y materiales para construcción. Cerca de 190 alternativas tecnológicas han sido identificadas y 11 tendrían condiciones para avanzar a escala industrial.
Sin embargo, su aprovechamiento requiere controles sobre recolección, almacenamiento, transporte y composición de la biomasa. Al mismo tiempo, México busca fortalecer la cooperación con otros países caribeños para desarrollar soluciones regionales.
El desafío ya no consiste únicamente en limpiar playas. La magnitud alcanzada por el fenómeno obliga a combinar prevención, investigación, captura en el mar y aprovechamiento industrial sin perder de vista la protección de los ecosistemas costeros.