Ríos registran alteraciones en sus caudales ante cambios en las reservas de agua
Ríos del mundo entran en una era de caudales impredecibles

Ríos del mundo entran en una era de caudales impredecibles

Los ríos del planeta atraviesan una alteración persistente de sus caudales mientras las reservas de agua dulce también muestran señales de deterioro. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte que las condiciones consideradas anormales están dejando de ser excepcionales.

Durante 2025, el 36% de las cuencas fluviales registró caudales inferiores a lo habitual. Además, fue el séptimo año consecutivo en que los cursos de agua con niveles históricamente normales representaron una minoría.

El problema tampoco responde únicamente a un año especialmente seco. La OMM identifica una señal sostenida durante aproximadamente una década que afecta ríos, aguas subterráneas, nieve y glaciares.

Ríos reflejan un ciclo del agua cada vez más irregular

Las reservas almacenadas en acuíferos, glaciares, lagos, nieve y suelos funcionan como una protección natural durante sequías. Sin embargo, el almacenamiento terrestre de agua mantiene una tendencia descendente desde aproximadamente 2014-2016.

En 2025, casi dos tercios de los pozos de agua subterránea monitoreados quedaron fuera de sus rangos normales. Además, los déficits fueron más frecuentes que las recuperaciones.

No obstante, aparecieron algunas señales positivas. Partes de Sudamérica recuperaron parcialmente sus reservas después de varios años de déficit. Mientras tanto, importantes lagos de África central y meridional conservaron niveles muy superiores a lo habitual.

Los glaciares pierden capacidad para sostener reservas

El deterioro también alcanza al hielo continental. Las 19 grandes regiones glaciares monitoreadas perdieron masa por cuarto año consecutivo.

Solamente durante 2025 desaparecieron aproximadamente 408 gigatoneladas de hielo. Entre 2023 y 2025, la pérdida acumulada alcanzó unas 1,400 gigatoneladas.

Algunas regiones con glaciares pequeños podrían incluso haber alcanzado su denominado “pico de agua”. A partir de ese momento, el deshielo aporta progresivamente menos agua porque queda menos hielo disponible.

Esto puede reducir el suministro para comunidades que dependen del aporte glaciar durante temporadas cálidas y secas. Sin embargo, la OMM señala que todavía es posible limitar la magnitud de las pérdidas futuras mediante reducciones de emisiones.

Ante este escenario, los patrones históricos resultan cada vez menos confiables para administrar los recursos hídricos. Por ello, mejorar el monitoreo, compartir información y fortalecer las alertas tempranas será fundamental para adaptarse a un ciclo del agua que ya está cambiando.

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