La recuperación del Pirarucú se convirtió en un ejemplo de pesca sostenible en la Amazonía brasileña. Sin embargo, detrás del éxito ambiental existe una marcada desigualdad. Mientras su piel llega a productos internacionales de lujo, las comunidades responsables de proteger y capturar el pez reciben una fracción del valor generado.
Pedro Canízio conoció esa diferencia al encontrar en Río de Janeiro un bolso elaborado con esta piel por más de 5,000 reales, unos US$918. En contraste, explicó que los pescadores reciben alrededor de 11 reales, cerca de US$2, por kilogramo de pescado.
Este gigante amazónico puede superar los dos metros y pesar más de 200 kilos. Décadas de explotación excesiva llevaron a prohibir temporalmente su captura. Después, Brasil estableció un modelo regulado que permite pescar anualmente solo 30% de los ejemplares adultos en áreas autorizadas.
Pirarucú recupera su población mediante pesca controlada
Las comunidades deben vigilar los lagos y denunciar actividades ilegales para mantener el aprovechamiento autorizado. Sin embargo, Canízio asegura que los pescadores realizan esta vigilancia sin recibir pagos ni compensaciones por combustible.
Además, la temporada de captura dura pocos meses. Durante ese periodo, algunos trabajadores obtienen entre 3,000 y 5,000 reales. Por ello, muchas familias complementan esos ingresos con agricultura, otras actividades pesqueras o apoyos sociales.
El sistema ha contribuido a recuperar una especie que estuvo amenazada. No obstante, el comercio ilegal persiste. Desde 2000, Ibama ha registrado más de 1,000 multas relacionadas con pesca o transporte no autorizado.
Al mismo tiempo, la piel que anteriormente terminaba como residuo adquirió valor como alternativa al cuero convencional. Su textura característica atrajo a diseñadores y fabricantes internacionales.
El valor de la piel queda concentrado fuera de las comunidades
Transformar la piel requiere lavado, remojo, teñido, secado y tecnología especializada. En consecuencia, buena parte del valor se genera después de que los pescadores entregan su captura.
Un estudio de Operação Amazônia Nativa encontró que 95% de las ventas de piel procedía de solo siete plantas procesadoras, mientras apenas 5% involucraba asociaciones comunitarias.
Nova Kaeru concentra aproximadamente 70% de las exportaciones brasileñas del pez y sus derivados. La compañía suministra material a fabricantes vinculados con marcas como Giorgio Armani, Dolce & Gabbana y Givenchy. La mayor parte de su producción viaja a Estados Unidos y México, principalmente para fabricar botas vaqueras. Según la empresa, el lujo representa apenas 5% de sus ventas.
Empresas como Osklen, Piper & Skye y Yara Couro sostienen que trabajan con criterios de abastecimiento responsable. Aun así, organizaciones, investigadores y representantes comunitarios reconocen una brecha pendiente.
Por ello, las comunidades plantean adquirir tecnología para procesar directamente las pieles. Una remuneración más justa podría fortalecer sus ingresos y, además, conservar el incentivo económico para proteger los lagos, combatir la pesca ilegal y mantener un modelo que ha contribuido a preservar este gigante amazónico.