Minería amenaza el hábitat del tilcayo en los Yungas
La expansión de la minería de oro en los Yungas bolivianos amenaza uno de los ecosistemas más biodiversos del país. La actividad extractiva avanza sobre bosques, ríos y áreas protegidas, precisamente donde científicos identificaron recientemente al tilcayo, el primer felino salvaje descubierto en más de un siglo.
El hallazgo despertó interés internacional por la conservación de esta especie. Sin embargo, las comunidades de Coroico denuncian que el aumento de las operaciones mineras está destruyendo hábitats, alterando los cauces y desplazando animales silvestres.
La presión responde, en parte, a los elevados precios del oro y a la crisis económica boliviana, que ha impulsado tanto la minería industrial como la extracción a pequeña escala.
En Coroico existen alrededor de 16 áreas mineras autorizadas y otras 129 en trámite o solicitud, según información de 2025 de la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM).
La explotación a cielo abierto predomina en las orillas de los ríos, donde retroexcavadoras y maquinaria pesada remueven tierra, grava y vegetación.
Uno de los sitios afectados es Senda Verde, refugio que alberga aproximadamente 1,200 animales de 70 especies. Allí vive Tigrino, el ejemplar que permitió identificar científicamente al nuevo felino.
Vicky Ossio, directora del santuario, denunció que las actividades mineras provocan desplazamientos de fauna y daños cerca de las instalaciones. Incluso, un derrumbe relacionado con la remoción de suelo abrió un hueco en el acceso al refugio.
Aunque Coroico aprobó una ley para proteger al felino, Ossio cuestiona que continúen las actividades extractivas que deterioran su entorno.
La amenaza también alcanza al parque Cotapata y otras áreas que albergan cerca de 930 especies de vertebrados.
En la reserva Río Negro, 12 comunidades preparan un plan de manejo para conseguir protección legal sobre 6,200 hectáreas.
Víctor Álvarez, representante comunitario, advirtió que entre cuatro y seis cooperativas mineras amenazan aproximadamente el 80% del territorio.
Además, la extracción artesanal utiliza cada vez más motobombas y equipos que remueven sedimentos, incrementan la turbidez del agua y deterioran los hábitats acuáticos.
Las disputas por el oro también han generado enfrentamientos sociales entre habitantes, autoridades y cooperativas en distintos municipios de los Yungas.
Mientras tanto, la protección del tilcayo enfrenta un desafío que va más allá de una sola especie: conservar los bosques y ríos que sostienen la biodiversidad de esta región boliviana.
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