Las grandes urbes de todo el mundo padecen desde hace tiempo lo que se conoce como contaminación lumínica.
Ésta es generada por las emisiones de luz que provienen de fuentes artificiales con una alta intensidad, esta última puede causar estragos en nuestra salud.
“Yo consideraba que no había tal contaminación hasta que me enfrenté a los anuncios espectaculares de ledes que se han instalado en diversos puntos de Ciudad de México. Su intensidad es bestial. Por si fuera poco, algunos están en lugares inadecuados».
«Por ejemplo, cuando uno va manejando de noche sobre el segundo piso del Periférico aparece de pronto uno de esos anuncios espectaculares con un fondo oscuro que no molesta tanto, pero luego cambia a un fondo blanco o de colores muy brillantes que da la impresión de que un carro en sentido contrario te acaba de echar las luces altas, lo cual descontrola mucho”, comenta Raúl Aguilar Roblero, investigador de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.
Una variante de esta contaminación lumínica es la que generan las pantallas de los televisores, las computadoras. Y, sobre todo, los celulares (debemos tomar en cuenta que la mayoría de la gente, en especial los jóvenes, pasa horas y horas viendo la pantalla de su celular y ésta produce una radiancia muy alta).
La exposición, durante la noche, a fuentes de luz intensa inhibe la secreción de melatonina, una hormona que se encarga de regular el ciclo sueño-vigilia.
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