Aguas residuales como fuente de energía y nuevos recursos
Las aguas residuales pueden dejar de considerarse únicamente un desecho cuando reciben un tratamiento adecuado. Además de recuperar agua para nuevos usos, estos procesos permiten producir energía y aprovechar nutrientes y otros materiales que normalmente terminarían descartados.
Francisco Javier Cervantes Carrillo, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM en Juriquilla, trabaja actualmente en el tratamiento de descargas generadas por la industria porcícola. Su proyecto busca demostrar que el saneamiento también puede generar recursos y reducir la presión sobre las fuentes naturales de agua.
La investigación se desarrolla en colaboración con el Grupo Porcícola Mexicano, principalmente en la península de Yucatán. La actividad tiene un peso económico considerable en las comunidades donde opera, con 12 mil empleos directos y 35 mil indirectos, según los datos expuestos por el investigador.
Las granjas porcinas utilizan digestores anaerobios para procesar las heces de los animales. Posteriormente, el agua pasa a lagunas donde recibe aire de manera intermitente para eliminar contaminantes restantes.
Sin embargo, las instalaciones existentes necesitan adecuaciones para responder a estándares de descarga más estrictos. Por ello, el proyecto de la UNAM evalúa tecnologías biológicas y fisicoquímicas que, además de funcionar correctamente, resulten económicamente sostenibles.
Los biodigestores representan una de las alternativas. Una granja con capacidad para 6 mil cerdos puede generar aproximadamente 2 mil 300 metros cúbicos diarios de biogás a partir de sus residuos. Ese volumen puede transformarse en electricidad y producir cerca de 1.7 gigawatts-hora al año.
Asimismo, experiencias desarrolladas en el sur de Sonora utilizan el agua tratada para regar cultivos de trigo en zonas semidesérticas. De esta manera, disminuye la necesidad de extraer el recurso de otras fuentes.
El potencial adquiere especial relevancia porque la agricultura consume alrededor del 70% de los recursos hídricos. En consecuencia, reutilizar agua correctamente saneada puede reducir parte de esa presión.
Un ejemplo se encuentra en la planta de tratamiento de Atotonilco, Hidalgo, que procesa aproximadamente 23 metros cúbicos por segundo. El agua resultante se utiliza en actividades agrícolas y el biogás permite generar cerca del 80% de la electricidad que necesita la propia instalación.
No obstante, Cervantes advierte que el reúso requiere controles estrictos. El tratamiento debe eliminar riesgos relacionados con patógenos, metales pesados y otros contaminantes, especialmente cuando el agua se destina a cultivos consumidos directamente.
México cuenta con unas 2 mil 600 plantas de tratamiento y procesa aproximadamente entre 52% y 57% de sus aguas residuales. Sin embargo, solamente alrededor del 57% de esas instalaciones opera de manera óptima, según los datos citados por el investigador.
Por ello, el desafío no consiste únicamente en construir infraestructura. También requiere tecnologías asequibles y recursos suficientes para mantenerla funcionando. Bajo este enfoque, las plantas pueden evolucionar hacia centros de recuperación de recursos, capaces de producir agua reutilizable, bioenergía y materiales que regresen a las cadenas productivas.
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