El suelo bajo millones de viviendas, edificios y avenidas está perdiendo altura de manera progresiva. Una investigación internacional identificó hundimientos en cientos de grandes ciudades, con casos especialmente preocupantes en México, Indonesia y otras regiones de Asia.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Cities, analizó 465 urbes de más de un millón de habitantes distribuidas en 107 países. Mediante observaciones satelitales realizadas desde 2014, los investigadores detectaron cambios de elevación que, en determinadas zonas, superan los 20 centímetros anuales.
La extracción excesiva de agua subterránea figura entre las principales causas, junto con la compactación del suelo, la actividad minera y el peso de las construcciones.
Grandes ciudades registran hundimientos acelerados
Los científicos utilizaron datos del satélite Sentinel-1, de la Agencia Espacial Europea, para medir movimientos del terreno con precisión milimétrica.
Los resultados muestran diferencias importantes entre regiones. En algunas ciudades asiáticas, las tasas centrales de hundimiento alcanzan 33 milímetros anuales, mientras que en urbes americanas llegan a 17 milímetros.
En contraste, las ciudades europeas registran valores mucho menores. Madrid desciende aproximadamente 0.2 milímetros al año y Barcelona, 0.9 milímetros.
Sin embargo, las cifras más alarmantes aparecen al examinar sectores específicos.
En Ciudad de México, algunas zonas presentan hundimientos de hasta 216.5 milímetros por año, equivalentes a casi un metro cada cuatro años.
Asimismo, Bandung y Medan, en Indonesia, registran sectores que descienden alrededor de diez centímetros anuales. Bogotá y Florianópolis también destacan por la extensión de las áreas afectadas.
La gestión del agua puede frenar el deterioro
El hundimiento del terreno, conocido como subsidencia, ocurre cuando el subsuelo pierde volumen o se compacta.
La extracción de agua de los acuíferos reduce la presión que mantiene separados los sedimentos. Como consecuencia, el terreno puede descender y provocar daños en edificios, carreteras y otras infraestructuras.
No obstante, algunas ciudades han logrado revertir parcialmente esta tendencia.
Osaka, Japón, registra una elevación aproximada de cuatro milímetros anuales después de restringir la extracción de agua subterránea y utilizar fuentes alternativas.
También se han observado mejoras en Pekín y Tianjin, donde un proyecto de transferencia de agua iniciado en 2002 permitió reducir la dependencia de los acuíferos.
Pese a estos avances, los especialistas advierten que parte de la compactación del subsuelo resulta irreversible.
Por ello, mejorar la administración del agua subterránea y vigilar los movimientos del terreno será fundamental para reducir los riesgos urbanos.