Un enorme rancho de Montana muestra cómo una propiedad productiva puede incorporar la restauración de ecosistemas dentro de su manejo. Flying D alberga actualmente alrededor de 4 mil 500 bisontes y mantiene extensas áreas destinadas a conservar pastizales, ríos y hábitats para especies silvestres.
La transformación comenzó después de que Ted Turner adquiriera la propiedad en 1989. El ganado vacuno fue sustituido progresivamente por bisontes y parte de las superficies anteriormente utilizadas para cultivos comenzó un proceso de recuperación como zonas de pastoreo.
Bisontes forman parte de la recuperación de pastizales
Flying D comprende más de 113 mil acres dentro del Gran Ecosistema de Yellowstone. El Instituto Turner de Ecoagricultura señala que más de 5 mil acres, equivalentes a más de 2 mil hectáreas de antiguos terrenos agrícolas, fueron restaurados como áreas de pastoreo.
Los bisontes pueden contribuir al funcionamiento de los pastizales mediante su alimentación, desplazamiento y relación con la vegetación. Sin embargo, recuperar un ecosistema requiere controlar cuidadosamente dónde y durante cuánto tiempo pastan los animales.
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Conservación y producción comparten el mismo espacio
La experiencia de Flying D también mostró que permitir el movimiento completamente libre de los animales no solucionaba todos los problemas. Los bisontes preferían determinadas zonas, por lo que fue necesario ajustar las áreas de pastoreo para permitir la recuperación de la vegetación.
Además, la propiedad conserva bosques, humedales, ríos y corredores utilizados por diferentes especies. En el lugar habitan alces, venados, berrendos, osos negros, lobos, pumas, águilas y otros animales característicos de la región.
El proyecto no funciona exclusivamente como reserva natural. Flying D continúa siendo un rancho productivo dedicado a los bisontes y a la conservación de fauna, por lo que representa un modelo donde actividad económica y manejo ambiental conviven dentro de una propiedad privada; Desde 1989, un acuerdo de conservación protege este territorio. La experiencia demuestra que recuperar pastizales requiere planificación constante y ajustes basados en la respuesta real del ecosistema.