Impacto ambiental y social de la acuicultura.
La acuicultura enfrenta críticas por su impacto ambiental

La acuicultura enfrenta críticas por su impacto ambiental

La acuicultura se presenta como una solución para satisfacer la creciente demanda mundial de pescado sin aumentar la presión sobre las poblaciones silvestres. Actualmente, cerca de la mitad de los productos del mar consumidos en el mundo provienen de granjas acuáticas y España lidera la producción de la Unión Europea por volumen. Sin embargo, una investigación internacional cuestiona que este modelo sea tan sostenible como suele afirmarse.

El estudio, realizado durante dos años por The Outlaw Ocean Project, concluye que buena parte de la industria depende de peces capturados en estado silvestre para fabricar harina y aceite de pescado, insumos esenciales para alimentar especies como el salmón, la dorada, la lubina, la trucha y el camarón.

Acuicultura depende de millones de peces silvestres

Especialistas señalan que dos tercios de la acuicultura mundial crían especies que consumen piensos elaborados con harina y aceite de pescado. Estos ingredientes se obtienen tras capturar, cocinar y procesar peces silvestres, una práctica que contradice el argumento de que las granjas reducen la presión sobre los océanos.

Los investigadores documentaron que un salmón de cultivo puede llegar a consumir más de seis veces su propio peso en peces silvestres antes de llegar al mercado.

La investigación también identificó más de 1,400 plantas productoras de harina de pescado en 64 países y rastreó las cadenas de suministro desde los barcos pesqueros hasta las granjas acuícolas y supermercados.

La industria también enfrenta desafíos sociales y ambientales

El informe relaciona la producción de harina de pescado con problemas ambientales, conflictos laborales y afectaciones sociales en distintos países. En lugares como Gambia y Mauritania, el desvío de peces hacia la fabricación de piensos ha reducido la disponibilidad de alimentos para comunidades locales.

Además, la investigación documentó casos de contaminación del agua, protestas por el funcionamiento de plantas procesadoras, pesca ilegal, conflictos territoriales y denuncias de trabajo forzoso en algunas regiones de Asia.

España importa una parte importante de la harina de pescado utilizada por sus piscifactorías, además de productos de cultivo como el salmón, lo que conecta indirectamente a los consumidores con estas cadenas de suministro internacionales.

Pese a estas críticas, los especialistas reconocen que la acuicultura también ofrece beneficios. El cultivo de moluscos como mejillones, ostras, almejas y vieiras presenta una huella ambiental mucho menor porque no requiere alimentación adicional. Asimismo, la actividad genera empleo en varios países y puede hacer más accesibles los productos del mar para millones de personas.

Los investigadores consideran que el gran reto consiste en desarrollar alimentos alternativos para peces, como proteínas obtenidas de algas, insectos, hongos o bacterias. Sin embargo, estas opciones todavía no alcanzan la escala ni los costos necesarios para sustituir ampliamente a la harina de pescado, por lo que la dependencia de especies silvestres continúa siendo uno de los principales desafíos para el futuro del sector.

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