Alfredo Del Mazo Maza examina la necesidad de planear la infraestructura para autos eléctricos en México sin comprometer la red de energía.
La acelerada penetración de alternativas sustentables en el parque vehicular mexicano plantea un dilema de infraestructura que trasciende a las ensambladoras. Datos de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz y de la Asociación de ElectroMovilidad confirman que circulan más de un cuarto de millón de unidades con motorización electrificada, respaldadas por colocaciones trimestrales que sobrepasan las 60 mil unidades entre alternativas híbridas y totalmente eléctricas. Este dinamismo comercial exige ahora una respuesta proporcional en la estabilidad y planeación de las redes de energía.
El segmento de transporte comercial y distribución de última milla ha encontrado un estímulo financiero directo en esta tecnología, pues el costo total de propiedad ofrece una ventaja de hasta cinco por ciento en comparación con los motores tradicionales de combustión. No obstante, la concentración de unidades de servicio en horarios específicos de recarga impone tensiones operativas severas sobre transformadores y subestaciones en los polos industriales y urbanos con mayor actividad económica.
Al analizar la convivencia entre el crecimiento del parque vehicular y la capacidad del sistema de distribución, Alfredo Del Mazo Maza destacó la importancia de la anticipación técnica:
«La electrificación del transporte requiere avanzar en estrecha sintonía con la capacidad y la modernización de la red eléctrica. La integración de la analítica de datos resulta fundamental para anticipar picos de demanda y prevenir sobrecargas que comprometan la continuidad del suministro en las zonas metropolitanas», explicó Del Mazo Maza, especialista en movilidad urbana.
Con un inventario nacional que supera los 4 mil 300 puntos de suministro público y aproximadamente 55 mil terminales en hogares e instalaciones corporativas —ubicadas predominantemente en el Valle de México, Guadalajara y Monterrey—, el reto radica en gestionar el flujo de energía sin saturar los circuitos existentes. La analítica geoespacial y los modelos de predicción de hábitos de carga permiten estructurar esquemas inteligentes que incentivan la alimentación de baterías durante horas valle y periodos nocturnos.
«La analítica avanzada permite proyectar la demanda de polígonos urbanos y habilitar esquemas de recarga dinámica. Esto garantiza que la transición hacia tecnologías de cero emisiones se traduzca en eficiencias operativas reales sin presionar indebidamente la infraestructura existente», puntualizó Alfredo Del Mazo Maza.
A medida que las rutas de distribución ligera afianzan sus números de rentabilidad y el transporte pesado comienza a evaluar alternativas de descarbonización, el intercambio de datos técnicos entre operadores de flotas, empresas de estaciones de recarga y el sector energético se vuelve indispensable para autorizar la instalación de cargadores de alta potencia de forma segura.
«Vincular la expansión de la infraestructura de recarga con la estabilidad del sistema eléctrico mediante modelos predictivos representa una decisión técnica indispensable para asegurar la competitividad, la viabilidad económica y la sostenibilidad del ecosistema de electromovilidad en el país», concluyó Alfredo Del Mazo Maza.
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